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Con el tiempo empecé a darme cuenta de que las pequeñas historias personales sí importan. Ante la fiebre consumista que es marca de una época, hay que defender cosas esenciales como recuperar la pequeña historia de personas y lugares.” Ariel Dorfman

… A la memoria de Marina Sánchez

La evasión de presos del Fuerte de Ezkaba se produce el 22 de mayo de 1938, cuando la guerra va a cumplir dos años y se inclina a favor de los rebeldes. El bando republicano agota sus posibilidades lanzando una postrera ofensiva en el Ebro, confiando en resistir lo suficiente como para que la guerra europea que se barrunta inevitable, conlleve el apoyo de las democracias contra el fascismo, si bien estas prefirieron mirar para otra parte.

Esta evasión, como hecho histórico, enfrenta una pelea desigual entre quienes tratan de recuperar su memoria y quienes la silencian, memoria frente a olvido.  Suscitó más reseñas en el New York Times en el mes de mayo de 1938 –el 24, 29 y 31-, que en la prensa local durante cuarenta años – dos notas oficiales de 31 de mayo y 17 de junio-, ya que a la censura le siguió la mala conciencia: nadie podía sentirse orgulloso de la barbarie desatada sobre los fugados.

Ya existe un excelente libro sobre la fuga. Sus autores, al evaluar la inacabable lista de miles de presos, señalan: “a partir de esta impresionante muestra podría hacerse un pormenorizado estudio histórico y sociológico, pero no es este el espacio ni el momento adecuado”.

Este es el punto de partida que inspira este trabajo. Sus magnas dimensiones, probablemente la mayor fuga carcelaria en Europa, ocurrida en la puerta de nuestra casa, siguen haciéndola fuente de investigación.

Con motivo del 75 aniversario de la fuga, en 2013, la editorial Pamiela publicó en formato libro este trabajo, y en segunda edición revisada en 2016. Los ingresos que correspondan al autor irán destinados a la exhumación de algunos de los fugados localizados en esta investigación.