Agradecimientos / Esker ona

Caminamos a hombros de gigantes, se dice, para significar que cualquier logro en una investigación viene precedido de otros que conforman la base que permite dar un nuevo salto en el conocimiento. A lo largo del texto se van intercalando nombres de quienes han sido mis gigantes, y quiero iniciar esta lista con los autores de libro La gran fuga de las cárceles franquistas, Félix Sierra e Iñaki Alforja, quien de modo personal me facilitó valiosa documentación, valorando este trabajo como una continuidad del suyo propio.

La investigación no es un trabajo individual, sino orquestado, en el que interviene una multitud de gentes: vecindario del pueblo, familiares de un fusilado, una asociación de memoria, otra concejala, un técnico informático, el investigador de Aranzadi, la técnico del archivo….una pléyade de personas quienes facilitan o comparten nimios detalles, claves decisivas. La información está ahí, pero para obtener conclusiones hace falta reconstruir las piezas.

Jesús San Martín y Javier Colomo, con quienes he pateado cuanto sendero es posible entre el fuerte y la frontera durante años, combinando el olfato con artilugios tecnológicos para definir rutas entre Ezkaba y el valle de los Aldudes, que compartimos en una esforzada andada anual con un animoso grupo, rememorando la gesta de los originales.

José Luis ha sido socorrido fotógrafo; Ixa corrigiendo gazapos; Fernando diseñando un certero logotipo; Nando Marticorena y sus dotes para la incognoscible tecnología; Nekane y Alberto, la políglota Beatriz Chivite. Cada cual es su nicho, pero sobre todo son pacientes escuchadores que retroalimentan la llama con sus opiniones, en un tema tan puntual y alejado de las conversaciones ordinarias sin protesta. Eso es tener buena educación.

La biografía de los tres fugados que alcanzaron la frontera no hubiera sido posible sin Ana, hija de Jovino, y de Jean Claude; de Pilar y Mª Isabel respecto a su padre José Marinero; y de Cristina Plaza y Emilio Cañada sobre Valentín Lorenzo; así como a las familias de María Larraga; Julia Bea, Jacinto Ochoa, Segundo Hernández… por las fotos y datos biográficos. Elia hizo lo propio desde Sevilla con su tío Antucho Valladares; María, desde Murcia respecto a Fernando Garrofé; en A Coruña la familia de Edmundo Méndez, Ricardo Galech y demás familia de Vicente Mainz; Mari Carmen, desde Azagra, como sobrina de Andrés Zudaire; Ana Belén Pazos sobre Atilano Godoy,  Irene, hija de Luciano Mier, la familia de Andrés Rodrigo o la familia de José Garmendia.

Cuando el cuarto fugado pasa la muga, poco hubiera sido posible sin el concurso de Nöel Elorga, un descubrimiento a cuenta de esta investigación. Personifica el amor y un vasto conocimiento sobre esta tierra, compatibilizado con un espíritu abierto en el que pasa del euskera al francés, inglés o castellano –y conozco que no para ahí la cosa-. Juntos compartimos ratos con Jeromie Urrels en su apartado caserío, contando historias de un pasado ya desaparecido. Guía incansable y capacidad para implicar a otras gentes a las que he tenido acceso por su ganado aprecio en la búsqueda improbable por California y de quienes desconozco sus nombres. Agradecimiento anónimo, pero sentido. Claude Lesgourgues, que nos recibió en su casa y facilitó valiosos documentos de Banca, así como Jean Leon Inchauspe, vecino del valle de Aldudes. Elena Aliaga y Jose Luis Erramouzpe, otros enamorados de la Bajanavarra. Por último, Oskar Alegría, un curioso universal.

De las gentes que pueblo a pueblo me han abierto la puerta, aportando piezas para reconstruir el paso de los fugados por esos valles, voy dando cuenta a lo largo del texto. Me siento afortunado por la oportunidad de acercarme a la cultura de montaña de otra generación que representan. Riqueza inmaterial de estilos de vida y saberes que se desvanecen, como los que desgranan a cada paso Gaspar o Emilio Linzoain, Francisco Sotro, Tere Errea o Ángel Ainciburu, que aun con su delicada salud, pasó la noche en vela descifrando el vecindario de cada caserío de Luzaide. Junto a ellas, tomaron el relevo otros como Luis Sola; José Miguel Equiza en Elía; Mina, de Eransus; el padre Celestino de Zilbeti, Lander Garmendia, de Ondarroa; Miguel Iriarte de Abaurregaina; Peio Iraizoz, Joaquín Urtasun en Berriozar; Gurutze en Anocibar, las hermanas Cueli en Ciaurriz; José Miguel E de Elía, José Luis Gil y Txema Urrutia en Elcarte, Mari José Larrainzar en Zandio; Julio Ariz en Ororbia, Alfonso Arrieta, antiguo médico en Valcarlos. Mari Carmen Linzoain, Alfonso Echeberria o Xabi Lasa, en representación de sus vecindarios, recuperando la memoria de los hechos en sus respectivas localidades.

Mariana Ribera, Maite López y Carlos Sola en México; Paul Spence y Jules Stewart en Londres; Raúl Renau en Madrid, y Haizea Arrizabalaga en Barcelona como documentalistas. Patxi Iriarte se tomó sus molestias en confirmar datos sobre Felipe Celay en las Abaurreas. También J. Vicente Aguirre, autor de “La Rioja 1936, aquí no pasó nada”, que me facilitó puntual pero valiosa información; la disposición de Carlos Muntión, de la librería Piedra de Rayo, y Jesús Jiménez que fue alcalde de Quel. Manuela Presto (Elutseder/ Erro), Arantza Ynchausti (Garaitzeko Asi/ Auritz), Javier González Ruiz en Zubiri, J. Jaime, Mª Paz Sagüés, Idoia Planillo, Francisco Labiano, Javier Arrieta, Rafa Aldai, Jesús Equiza, añadiendo alguna información a la ya publicada en su libro. Con Laura Delgado, Amaia Kowasch, Gotzon Berjerandi, Txema Aranaz, Orreaga Cenoz, Josemi Gastón, César Layana, Jesús Nieto, Carlos Otxoa, Hedy Herrero, Josetxo Arbizu y Susana A. Vierge he compartido la misma pasión por divulgar estas anónimas historias. Lo mismo que tanta gente en Galicia: Elia Valladares, Eliseo, Telmo, Xosé, Manuel, Fernando, Luis.

Personal técnico de los archivos del TSJ de Navarra y TSJ de Castilla y León, Archivo General de Navarra, Archivo Administrativo de Navarra, y los municipales de Pamplona, Barcelona, Logroño, Barakaldo y Azagra; archivos generales de la Administración, ministerio de Asuntos Exteriores, ministerio del Interior y  de la D.G. de Instituciones Penitenciarias, Archivo Histórico Provincial de Álava, Burgos, Sevilla, La Rioja, y Euskadi; Biblioteca Nacional de Catalunya, archivo histórico benedictino de Lazkao, Sabin Arana Fundazioa de Bilbo, Kutxa Fototeka, Fundación Pablo Iglesias, de los archivos eclesiásticos de Gipúzkoa, Navarra y del Obispado de Calahorra y La Calzada, Capitanía Militar de Navarra y Archivo militar de Ávila y Ferrol, y los numerosos registros civiles que me facilitaron la información requerida.

En la Universidad Pública de Navarra, UPNA, encontré siempre la plena disposición del equipo del Centro de Documentación de la Memoria Histórica –Emilio, Juan Carlos, Gotzon, Fernando-; A. García Sanz, a cada petición de búsquedas, y C. Oslé, que me puso sobre alguna pista; mención destacada a los técnicos de Riqueza Territorial del gobierno de Navarra y  Pilar Munárriz del Mapa de Fosas; en la Universidad de Navarra para la consulta del Fondo Lizarza sobre el carlismo; Christine Legarra, secretaria del Syndicat de la vallée de Baïgorry y Francois Boulenger, de la Office National des Fôrets francesa, y de Pedro Oiarzabal, Guillermo Tabernilla, y Joxe Mallea, sobre la emigración vasca a los Estados Unidos. Con Pedro Barruso experimenté la generosidad de un historiador para con el aprendiz en temas relacionados con el exilio republicano. En todos encontré la receptividad y profesionalidad de personas dedicadas a su trabajo y al servicio público.

De la parte técnica de la página web homónima se han hecho cargo, con paciencia, Iñaki y Marta Elena, de Cocoworking –merece conocer su trabajo profesional y su página web-.

Eskerrik asko denei.

Del Fuerte a los Aldudes, mayo 2009

Del Fuerte a los Aldudes, mayo 2009