Azagra

La investigación sobre los represaliados en cada localidad navarra tiene su guía en Navarra 1936, que en Azagra lo cifró en 71 fusilados, listado en el que se detectan imprecisiones.

De otra parte, el criterio empleado para conformar la lista, la vecindad, sirvió para incluir a personas nacidas fuera, pero excluyó a quienes fueron asesinados en ese término municipal sin ser vecinos, así como a azagreses fusilados en otras localidades, donde figuran.

Corregidas estas imprecisiones y con un criterio inclusivo de estos supuestos, los asesinados se elevan a 76.

Listado de asesinados de Azagra

1. En el listado de Navarra 1936 figuran Enrique Moreno Luri y su hijo Augusto Moreno Iñigo. El Registro civil y el padrón de 1935 muestran que se erró en la identidad del padre, que es Enrique Moreno Iñigo (n. 15 de julio de 1876, Tomo 6, f 41).

2. Ángel Corroza Pajares no falleció en 1936. Casado y con una hija según el padrón, fue encarcelado en Estella hasta noviembre de 1937, cuando pasó a la prisión provincial, pero falleció en Pamplona el 29 de octubre de 1952, donde quedó inscrito al Tomo 233  f 699.

3. Aurelio Iñigo Martínez no falleció en el fuerte en 1938, sino en la prisión provincial en 1939, como consta en su inscripción registral al Tomo 214, f 668 de Pamplona.

4. El criterio de vecindad excluyó a Gregorio Gutiérrez Alonso (Azagra, n. 13-2-1903), afincado en Sartaguda, muerto el 4 de septiembre de 1936, y en cuya lista de fusilados figura.

Asesinados en Azagra sin ser vecinos

1 y 2. Luis León Jiménez (Cadreita, n. 1884) y José Vicioso Gil (Pradejón, La Rioja, n. 1905), vecinos de Cadreita, donde figuran en N-1936, y que quedaron en la cuneta, a unos 300 metros del cruce de carreteras local Valtierra-San Adrián y Comarcal Tafalla-Rincón del Soto, en término de Azagra el 16 noviembre 1936, a causa de la guerra civil, que dice su inscripción registral en Azagra al Tomo 29, f 356 y 357.

3. Francisco Bretón Matute (Rincón de Soto, La Rioja, n.1896), alguacil, murió en Azagra el 25 de julio de 1936 por arma de fuego. Inscrito en el Registro Civil de defunciones de Azagra al Tomo 25, f 41. Consta en listados de La Rioja, por ser originario de esa tierra.

4. José Medrano Martínez (Rincón del Soto, La Rioja, n. 28 marzo 1896), soltero, muerto en Azagra el 24 de julio de 1936 por arma de fuego, inscrito en el Registro Civil de este pueblo al Tomo 25 f. 42. Consta en listados de La Rioja, por ser originario de esa tierra.

5. Macario Lafraya Malo, natural de Villafranca, vecino de Funes, fusilado en Azagra el 22 de julio de 1936 e inscrito al Tomo 25, f 40.

Vecinos de Azagra asesinados en otras localidades

Nuevamente, el criterio de vecindad dejó fuera de la lista de asesinados de esa localidad e incluidos en las de sus pueblos de vecindad, a Macario Lafraya Malo, vecino de Villafranca, asesinado el 22 de julio de 1936 y a Gregorio Gutiérrez Alonso, vecino de Sartaguda, asesinado el 4 de septiembre de 1936.

Este recorrido de estos nueve distintos casos sirve para plasmar las dificultades a la que se enfrentan los centros de documentación en concluir con la contabilidad de los represaliados y los criterios para su ubicación.

En el relato que hace el forastero en Iragi como fugitivo del fuerte, nombra Azagra. Este recorrido de los anteriores casos permite concluir que la contabilidad de represaliados rebasa las 70 personas que fueron señaladas y alimenta la hipótesis de que pudo haber otras que quedaron en la sombra. El siguiente caso es una muestra de ello.

Nadie llora su ausencia

Responder al interrogante de por qué nadie en el pueblo echó en falta a ese represaliado que termina en el fuerte o a su familia, lleva a pensar en una familia forastera, pero con alguna relación con Azagra. El mundo es ancho y ajeno, decía Ciro Alegría. Lo era para esos riojanos que un día cruzaron el Ebro para trabajar de jornaleros en Azagra y otros pueblos de la Ribera navarra, como muchos de los expuestos con anterioridad.

En el ominoso listado de represaliados, Rufina Pérez, “la Seronera”, y su marido Cándido Pascual, presentan rasgos de la familia buscada. En primer lugar, la familia era forastera. Rufina (Autol, 1897) y Cándido (Quel, 1896) eran riojanos, de poblaciones cercanas a Azagra, donde se asientan en 1923.

En 1925 Cándido llega con un niño procedente de la Beneficencia de Logroño, Lope Haro, nacido de madre soltera. Queda inscrito como Lope Pascual Rada. En 1933 María se une a la familia. Era hija de Casimiro, hermano de Cándido. Al morir la madre, Casimiro no puede hacerse cargo de su numerosa prole, y la niña queda con ellos.

Lope y Cándido figuran como pastores, como pastor de cabras era Casimiro en Quel, y antes el abuelo Genaro. Rufina teje serones, las alforjas de esparto de las caballerías. En Azagra, destacado por su organización obrera, Rufina y Cándido están integrados. Actúan como testigos en la primera boda civil, en 1932, entre Adoración Iñigo y Santiago Pascual. Rufina está afiliada a UGT; Cándido ocupa cargos, y combina su trabajo con la corresponsalía de Trabajadores, de UGT.

A partir del golpe de julio, Cándido fue objetivo codiciado. Buscaban a quien propagaba entre los jornaleros el reparto de tierras. Ideas ajenas, divulgadas por un forastero. El párroco Beguiristain acaudilló la erradicación física de quienes alentaban las ceremonias laicas al margen del monopolio parroquial. Navarra 1936 recoge sus palabras, pensadas para Cándido, su adversario desde la prensa socialista: “A los escapados, estén donde estén, los hemos de encontrar para hacer justicia”. A Rufina, en agosto, “la fusilaron los matones hartos de buscar a su marido que se hallaba escondido y la mataron en Pradejón, dejándola junto a otros”.

Cándido quedó como desaparecido, pero su paradero se desvela en La Rioja 1936. Desde los regadíos escapó a Quel. Se refugió en casa de sus padres. Fue uno de los “topos” que generó una guerra de exterminio. Conocía su destino si asomaba. Falleció en 1945, con 49 años.

Siendo forasteros, nadie echó en falta a la familia. Navarra 1936 recoge fotografías de 47 de los fusilados de Azagra, un esfuerzo extraordinario. Ninguna de Rufina o Cándido. Su arraigo estaba entre sus compañeros. Su amigo Santiago Pascual, fusilado. Julio Martínez, padre del niño que Rufina inscribe en su nacimiento, fusilado. Francisco Castro, herrero y alcalde, fusilado. Andrés Zudaire, preso en el fuerte y fusilado en Urtasun. Nadie parecía llorarlos. Más correcto resulta decir que nadie pudo llorarlos.

Sus hijos adoptivos quedan en el desamparo, pero la abuela María Rada los recoge. Conviven en la casa de Quel -sin saberlo, por motivos de seguridad-, con su padre adoptivo, escondido en el desván. Solo cuando fallece, tomará conciencia María del significado del plato de comida que la abuela subía todos los días al piso superior.

Lope figuró en 1940 en el Padrón como desaparecido. Su descripción es acorde a muchos rasgos dados por las personas que estuvieron con el fugado en 1997 en Iragi; pero Lope falleció prematuramente con 21 años en Quel. Se descarta que sea el buscado fugado, pero había quedado en el olvido. Muestra que hubo quien en Azagra quedó en la sombra; que el conocimiento trasmitido sobre los represaliados de ese pueblo tiene lagunas.

El párroco Santos Beguiristain

Llegado a Azagra en 1932 con 24 años, permaneció hasta finales de 1937. En un pueblo pionero en contar en Navarra con Casa del Pueblo y donde proliferaban las ceremonias laicas, adoptó una actitud abiertamente beligerante, que mantuvo en el periodo bélico, en sus visitas al frente arengando a los alzados y en sus anotaciones: “Ha fallecido en el frente de Madrid JMR. Conste aquí entre los héroes de la Cruzada”, “…falleció el soldado de Dios y de España…”  Fanatismo ad maioren gloria Dei, dado que a título personal rechaza todo acto de despedida que le ofrece el ayuntamiento cuando una vez cumplida su misión abandona la localidad. Persona de cultura, estudió en Roma, ejerciendo en 1940 de profesor de Teología en el Seminario de Pamplona. Comprometido con la dictadura, fue asesor religioso en 1968 en el Mº de Información y Turismo. El primer ayuntamiento democrático, mediante un significativo acuerdo municipal, acordó retirar la placa dedicada a su recuerdo en el frontón local, colocada en la dictadura, al tiempo que un nuevo responsable parroquial hacía una discreta anotación en esos libros de registro en las que pedía el perdón de las víctimas.

Jesús Equiza, en Los sacerdotes navarros ante la represión de 1936-1937, le hace un benévolo retrato, aunque constata que realizó informes que precipitaron la condena de personas en peligro, así como haber encabezado la lista de fusilados de su puño y letra: “Han muerto al peso de la justicia en los primeros días del movimiento nacional, salvador de España, mis feligreses:

  1. Salustiano Luri Aldea, cementerio de Calahorra.

El nombre que abre la lista resume la infamia del recuento: Salustiano fue miembro de la Junta municipal en 1931 y era jornalero, como sus hijos: fusilaron a Basilio, de 38 años; Máximo, 37; Pablo Salustiano, 35 y Delfín 26. Por último fusilaron al padre. Quedó su esposa Lucrecia Subirán con los cuatro pequeños.

En el cuadernillo donde estampa su firma, lista los actos civiles (nacimientos, matrimonios y fallecimientos) habidos en el periodo republicano y su conversión religiosa. Se arroga el derecho de cambiar nombres como Libertad, Progreso, de quienes bautiza (72). De los 10 matrimonios civiles, anota que 3 no pueden convalidarse por haber fallecido Santiago Pascual y Emilio Muro, quienes habían sido asesinados; ni Ángel Gainza, quien huyó a Francia. Prosigue con el listado de fallecidos fuera de la Comunión de la Santa Madre Iglesia.

Beguiristain, en entrevista de prensa (Navarra Hoy, 17-4-1983), negaba su participación en esa represión, que provocó la dolida respuesta de un numeroso grupo de familiares de fusilados, recordándole su papel en aquellos luctuosos hechos (Navarra Hoy, 24-4-1983). Un nuevo párroco, Javier García Zabalza, zanjó la polémica inscribiendo en agosto de 1987 a los asesinados, inscripción que abrió con esta nota: Esta parroquia pide perdón por las actuaciones de la iglesia y sus sacerdotes en aquellos momentos, reconoce su culpa y se compromete a hacer la reconciliación.

El golpe militar de julio de 1936 en Azagra

Las imprecisiones y lagunas expuestas en el punto anterior obligan a volver la mirada a los sucesos de ese cruento verano en esa parte de la Ribera, tratando de reconstruir hechos y sus protagonistas.

La tarde del 18 de julio, el alcalde Francisco Castro reúne a los suyos, y armados con escopetas, toman el control del pueblo. Un grupo se aposta en el Plano, en la carretera a San Adrián; de madrugada, tirotean un coche de la G. Civil que regresaba de Tafalla. El vehículo sufre ocho impactos, pero ningún ocupante resulta herido. Esa noche se mantienen en vela, patrullando, pero al atardecer del domingo 19, la Guardia Civil reforzada con paramilitares falangistas y requetés impone su dominio, se inician las detenciones y fusilamientos y las izquierdas escapan como pueden. El alcalde, acompañado de dos compañeros, marcha esa mañana a Pamplona a recibir instrucciones, pero la ciudad está ya tomado por los golpistas. Regresan y se ocultan por Calahorra para intentar en octubre la huida a Francia. El grupo es apresado el 6 de octubre por una patrulla de carabineros en el paraje de Lutoa, término de Ustarroz, entre las mugas 249 y 250. Francia quedaba a 500 metros. El alcalde Castro será fusilado el 1 de febrero en Pamplona.

Diario de Navarra de 4 de agosto de 1936: “Por la Guardia civil de Azagra con el auxilio de movilizados de Falange y Requeté, han detenido a los vecinos de aquella villa Julián Corroza, Basilio León, José San Vicente, Paulino Gutiérrez, Andrés Zudaire, Jesús Hernández y Gregorio Berisa, los cuales en unión de dos más que han desaparecido fueron los que en la madrugada del 19 en el término del Plano de aquella jurisdicción se apostaron junto a la carretera ocultos en una viña e hicieron una descarga contra un coche en el que iba la fuerza de la Guardia Civil de regreso a Tafalla”. El Consejo de Guerra de 16 de agosto que los condena implica a otros, entre ellos a Cándido Pascual.

Navarra 1936: “Muchas personas se escaparon al campo donde permanecieron escondidas durante el día para salir a la noche. Pero la mayoría, que no pudo o no quiso escaparse, iban siendo detenidos poco a poco. Las batidas continúan y los numerosos fugados tienen problemas de abastecimiento a pesar del esfuerzo de sus familiares por llevarles alimentos…/…Poco a poco los escapados iban siendo capturados, abarrotando la cárcel del Ayuntamiento hasta el extremo de verse obligados a habilitar para los presos la sala donde ensayaba la Banda de Música”.

El capitán retirado Santiago Bella, que participa en la toma del pueblo por los facciosos el 19 de julio, relata en el Consejo de Guerra contra Francisco Prado: “la presentación de Francisco se realizó por ser amenazada la familia con proceder a su detención si no decía dónde estaba; algún familiar debió comunicárselo y se presentó a mediados de agosto”. Esta declaración sumarial sobre las presiones a las que estuvieron sometidos los familiares de los huidos es cristalinamente similar a la que narraba el forastero en Iragi en 1997 sobre su propio caso.

Juan Jesús Virto en “Algunas aportaciones a la historia de la Guerra Civil de 1936 en Navarra”, Revista de Príncipe de Viana, 1986: “En Azagra, al marcharse concentrada la Guardia Civil, los partidos izquierdistas con predominio de los socialistas, se lanzan a la calle en la noche del 18 al 19 de julio. Grupos armados patrullan por la villa hasta el día siguiente en que la Guardia Civil, declarado ya el estado de guerra, vuelve a controlar el orden público. De inmediato los elementos de izquierda más comprometidos cruzan el Ebro o se refugian en el campo, donde coinciden con fugitivos de las poblaciones vecinas…/… La lectura del bando de guerra el 19 de julio provoca en la Ribera la desbandada general de los hombres que militaban en partidos y sindicatos de izquierda. Muchos de ellos se ocultan en regadíos cercanos, fascales de mieses o en corrales de ovejas desperdigados por el campo…/…Los izquierdistas deambulan sin rumbo por las orillas del Ebro –algunos logran refugiarse en las montañas de Soria-…/…Los días 19 y 20 de julio varios vecinos de Peralta y Funes comunican a la Guardia Civil del puesto de Peralta que en un corral de albergar ganado sito en el término de Azagra, se había concentrado gente huida de los pueblos de Azagra, Andosilla, Funes, Peralta, Rincón de Soto y Aldeanueva de Ebro…/…El comandante ataca el corral de los refugiados el día 21; unos sesenta hombres rodean el corral, causando a los encerrados algunas bajas. Perseguidos de cerca, los izquierdistas abandonan como pueden el corral para desperdigarse por los campos. Parte de ellos cruza el Ebro y otros encuentran refugio en un soto próximo”.

Los huidos de Azagra compartieron su suerte con los de los pueblos vecinos en el corral ganadero, y en los regadíos ribereños del Ebro. Es el trasfondo histórico para valorar un comentario de Pilar Martínez (n.1931) en Azagra, en 2013. Su padre, Julio Martínez Serrano, ingresó en el fuerte en diciembre de 1938, procedente de la prisión provincial. Supo que en el momento de la revuelta, los presos de su pueblo estaban en la misma celda y allí permanecieron, desconfiando de los sucesos. Andrés Zudaire compartía celda, pero alternaba poco con los suyos. En el momento decisivo, tomó diferente rumbo, se fugó. Con alguien de su confianza, quizá de la zona, pero ya no del grupo de Azagra. El destino compartido de los huidos en Azagra en 1936 con otros vecinos riberos, pudo repetirse en la fuga de 1938.

Recorte cuaderno párroco Santos Beguiristain

Recorte cuaderno párroco Santos Beguiristain

Cuaderno del párroco Santos Beguiristain