Arrastoa segituz. -El rastro del fugado-

A partir de este relato, se irá desvelando que el cuarto fugado mantuvo otros encuentros en Iragi, en Urtasun y en la puerta del fuerte. Desde Azagra, el testimonio de Mari Carmen Zudaire completa a los anteriores. Con esos testimonios y con averiguaciones posteriores, se reconstruye su fuga.

Entre los montes de Anue y Esteribar, en término de Etsain, un grupo descansa el sábado 28. Llevan seis días en el monte y se encuentran a escasos 20 km del fuerte. El avance es lento. Solo se permiten andar de noche, con cautela, y dando rodeos a ciegas para sortear las patrullas. Afortunadamente, desde el miércoles el tiempo ha mejorado y dejan de reposar sobre el barrizal y de tiritar bajo la lluvia. El jueves, día de la Ascensión, lució “un soberbio tiempo lleno de azul y de sol”, como recoge la prensa. Arrastran la desnutrición del penal, y ahora solo cuentan con limacos, caracoles, hierbas y de lo que se aprovisionan en alguna huerta. En Iriarteko borda, uno de ellos es sorprendido comiendo una remolacha por Silverio Ripalda y su hijo Pedro, de 15 años, que suben a trabajar sus parcelas. El pequeño José, con 6 años, escuchará la historia en casa. El intruso y los paisanos se sobresaltan temerosos. Después del primer susto, le ofrecen el pan y queso del morral, y le indican la dirección: seguir hacia Iragi, remontar el Arga. Silverio es autoridad del concejo, conoce la terminante norma que obliga a delatar la presencia de fugitivos y debe pensar en sus ocho hijos. El fugado y su grupo siguen su camino, intranquilos, pues han observado al muchacho alejarse corriendo, pero las patrullas son numerosas, y esquivarlas o tropezar con ellas, fruto de la fortuna.

Iriarteko Borda (Etsain)

Iriarteko Borda (Etsain)

En Bardegi, ya en término de Iragi, a 5 km por el antiguo camino de carro, el grupo se cruza con una de las patrullas, a la que acompaña algún civil como el que nombró Gaspar: Miguel Gascue, nacido en Lizaso en 1889, casado en Banca en 1915. Sin tierras, sus ingresos son inciertos. En 1917 colabora, a sueldo de los alemanes, en la deserción desde Banca a Valcarlos, de soldados del ejército francés, por lo que fue encarcelado durante seis meses y expulsado del país. (J.P. Jordan, Le refus basque de “l´impôt du sang” pendant la Grand Guerre 1914-1918, p 150). Se instala en Egozkue en 1922, donde le sorprende la fuga de 1938. El destino quiere que más tarde regrese a Banca, donde recaló el fugado al que entonces persigue.

Los fugados oponen resistencia. Uno es golpeado en la cara con la culata, queda sangrando, y es capturado junto con otro del grupo. Los bajan a Iragi, donde Jesús Linzoain los recuerda maniatados, y de ahí a Urtasun, donde serán fusilados. Hay noticia de la captura de otros tres fugados en Usetxi, a 2 km de Bardegi por Karrobide, y que fueron ejecutados en el paraje de Patsaranzokoeta. Cinco en un corto círculo. Del grupo, tan solo uno reanuda la huida. Un disparo de posta le alcanza en el brazo sin detenerlo.

Los niños de Urtasun -40 hbs.- regresan ese sábado de la escuela de Eugi.  Beatriz Urdaniz, 12 años, camina con sus amigas Eloísa y Leonor, ambas de 14. Esta última vivía en el molino aguas abajo, como sus hermanos Mariano y Antonio, que cerraban el grupo con otros niños.

Al llegar al pueblo observan alarmadas el inusual movimiento de militares que escoltan a tres hombres mal vestidos. Los siguen a distancia, y cuando los armados toman la senda que sube a Iragi y Usetxi, toman el carretil paralelo. Desde allí observarán su ejecución en Tellari.

Cuando Beatriz regresa a casa, su hermano Carlos contará otra barbarie semejante. Regresaba al atardecer de pastar con las ovejas por las bordas de altura, cuando escuchó unas detonaciones. Cruzado el puente, ya a la entrada del pueblo, las ovejas se inquietan. Dos cadáveres ensangrentados yacían en la cuneta.

El párroco Cesáreo Osta los confiesa antes; alguno se abstiene. Humanitario, trató de evitar las ejecuciones, pero el mando militar llegado de Pamplona hace caso omiso. Al atardecer de un caluroso sábado de primavera son asesinados. En la mañana del domingo, el párroco habla con Antonio, el padre de Beatriz y Carlos, quien con su carro recoge los cuerpos y los conduce al cementerio. El terreno en el que yacen los cinco será respetado.

El operativo militar de búsqueda de fugitivos se mantiene hasta el 15 de junio. En Iragi, los militares, diez soldados, dos cabos y un sargento, se alojaban distribuidos por las casas, pero comían en la posada. Allí se encontraban cuando irrumpió un requeté uniformado, de nombre Agustín Zudaire. Convaleciente en el hospital en Pamplona de una herida de bala en la mano en el frente de Teruel, una desconocida le aborda cuando toma un autobús. Por su considerable altura –en el pueblo le llaman “el grande”- y por su parecido, le pregunta si tiene algún hermano. Al confirmárselo, la mujer, apesadumbrada, le desvela que ha sido testigo de su fusilamiento en Urtasun. Agustín se dirige a Iragi, donde reclama por la muerte de su hermano, uno de los fusilados los días anteriores. La tensión es tal que echan mano de los fusiles. Finalmente logran apaciguarlo.

De los tres hermanos varones, Felipe Zudaire fue fusilado el 6 de septiembre de 1936, junto con otros 20 compañeros. Andrés, encarcelado en el fuerte, participa en la fuga y capturado es asesinado en Urtasun. El tercer hermano varón, Agustín, para eludir el destino de sus hermanos queda enrolado como voluntario del Requeté, como un hijo del asesinado Felipe ingresa en Falange. Sus abuelos habían llegado a Azagra, desde Oteiza la Solana, tres generaciones antes, huyendo de las guerras carlistas.

El silencio se abate después sobre aquellos sangrientos hechos.

Tendrán que pasar cuatro décadas, hasta que en 1978 llegue a Urtasun una familia de la Ribera, reclamando el cuerpo de uno de ellos. Juan Antonio Reta, el sepulturero local, y Carlos del Rosario, ahora autoridad del concejo, acompañan a la familia. No es difícil dar con sus cuerpos. Margarita Zudaire (n.1931), hija de Andrés, una niña cuando se llevaron a su padre, acompaña a su madre María Sainz, quien no duda al identificar los restos del marido a quien vio por última vez hace 42 años. Su torcida dentadura lo delata y la viuda no puede contener la emoción. Margarita cuenta hoy como le vinieron a buscar a casa, cuando terminaba el desayuno. Un amigo suyo. Ya no volvió. Sus restos regresarán a Azagra y reposan en un panteón junto a los de otros vecinos fusilados.

Urtasun. Bajo el árbol del cementerio.

Urtasun. Bajo el árbol del cementerio.