André Dufilho, médico de los Aldudes

“Yo estaba a menudo a solas con mi caballo en la montaña sobre el valle de los Aldudes. Durante siete años – los más difíciles debido a la guerra civil en España y la guerra europea-, yo era el único médico en este valle de montaña con 1500 habitantes que vivían en cuatro aldeas –Urepele, Aldudes, Banca y Baigorri- y casas aisladas dispersas”. Son palabras del libro de A. Dufilho, “Docteur, un cheval vous attend. Mémoires d´un médicin du Pays Basque”, que describe su vida como galeno en el valle desde 1937 a 1953 y por tanto quien tuvo que atender al fugado herido en 1938.

Como observador de primera mano, su libro tiene un valor reseñable sobre la vida del valle y el difícil tránsito -solo en caballería- para llegar a los caseríos alejados, que llevaba horas desde los núcleos urbanos. Dedica un capítulo a la regata de Haira, de la que resalta su vertical geografía, su escasa y aislada población, añadiendo que “fue a menudo el lugar de incidentes trágicos y también el teatro de escenas inesperadas”.

Otro capítulo –que titula significativamente en castellano “Tras los montes”– detalla las relaciones fronterizas y su atención a un herido de bala por contrabando, punteando que la guerra civil en España no hizo sino multiplicar esos riesgos, pues si bien los aduaneros tiraban raramente, las patrullas militares lo hacían sin piedad, añadiendo que ese herido no fue el único caso en que le tocó intervenir, - “Il m´arriva plusieurs fois d´intervenir dans de telles circonstances”-, citando otro caso de atención a “un rouge”, recogido en Juanesto, y subrayando la confianza que recibía en esos caseríos.

Cita que muchas familias del valle quedaron divididas en su apoyo a quienes luchaban contra Franco, pero desliza sus simpatías al destacar que esa guerra tuvo como consecuencia el asentamiento en el valle de personas del bando perdedor, “que aportaron con su actitud moral un fermento inhabitual de liberación”.

Aporta así un valioso testimonio como único médico en 1938 y por tanto quien atendió la herida del huido en un caserío aislado de Haira, donde se dieron numerosos episodios de apoyo a los refugiados republicanos.