Iluminar estancias del pasado hasta dejar la casa encendida

¿Quién es entonces el forastero que visita el fuerte y los parajes de su huida, interesándose por el destino de sus compañeros de escapada? Los testimonios de sus distintos interlocutores en Iragi, Urtasun y de otros dos jóvenes en la puerta del fuerte, resultan coherentes y complementarios en los detalles. Y se verifica la premisa que permite dar crédito a su relato: hubo lagunas en Azagra, y entre los presos en el fuerte.

De su narración, se contrastan los distintos escenarios.

Entre las dos distantes poblaciones que arman su relato, Azagra e Iragi, hay un nexo incontestable: Andrés Zudaire, azagrés que pasó por el fuerte y participó en la fuga. Es capturado en Iragi y ejecutado en Urtasun, mientras su joven compañero de huida logra zafarse y llegar a Banca. Sesenta años después regresa al escenario, preguntando por el destino de sus compañeros, y visita el cementerio donde reposó Andrés hasta que su familia lo trasladó a su pueblo en 1978.

El forastero en Iragi trasmite detalles sobre Azagra como la escapada a los regadíos y los esfuerzos para abastecer a los escondidos; la cárcel local abarrotada y traslado masivo al fuerte; la presión que se ejerció sobre familiares para forzar su entrega a los huidos…elementos que el forastero narraba como experiencia propia y que casan con lo acontecido en Azagra en julio de 1936.

En la escapada, se pone nombre a las personas con las que se topa en Etsain, Silverio y Pedro Ripalda; los cinco fugados que lo acompañan y por quienes se interesa pueden coincidir con los que fueron ejecutados en el entorno de su fatal captura: tres en Usetxi, exhumados en 2016, y dos en Urtasun, exhumados en 2017; la presencia de paisanos con escopeta, causantes de la herida de posta que sufre, tiene nombre propio.

Cruza la frontera por la franja donde lo hicieron los otros huidos que fueron documentados: Jovino llega a Urepel; José y Valentín pasan por Valcarlos. Este cuarto fugado recala en Banca, entre ambas poblaciones. A la luz del resultado, su relato coincide con la que era la mejor ruta posible.

En Banca su relato exigía encontrar quien atendiese su herida; a un solitario pastor que le diese cobijo, que tuviese dos hermanos en América; y que hubiese podido trabajar para costear su viaje. Pues bien, las memorias del único médico del valle citan haber atendido en esos aislados caseríos a refugiados heridos. Martín, pastor de Olhaberrieta, cercano a la frontera, tenía a sus hermanos en California. Su caserío se ubica en Haira, donde los refugiados se ganaban la vida trabajando en el monte.

Del capítulo americano narró que entró por México, la más convincente explicación; y que se alistó en el ejército US, vía de tantos not yet citizen para legalizar su estancia. El cuarto fugado no podía seguir los pasos de sus anfitriones como pastor, dado el declive ovejero. Emprendió una empresa de transporte de madera, industria que conoció entonces una fuerte expansión; actividad relacionada con su experiencia en los bosques de Haira, y como mecánico de blindados.

El relato del forastero en su viaje a Navarra en 1997 fluye de modo no forzado en cada episodio. Nadie excepto quien lo hubiese vivido en primera persona podía atesorar esa información. A partir de ahí, el resto son incógnitas.

Los otros tres evadidos contactan con el cónsul en Hendaya y quedan documentados, si bien pasan décadas antes de que su historia sea divulgada, incluso conocida en el seno de la familia de José Marinero. Este cuarto fugado opta por una salida anónima, queda sin documentar, y tan solo se desahoga en su viaje en 1997.

Desconocer su identidad impide seguir su rastro. En algún momento pudo recrear una nueva personalidad: en la convulsa Francia de preguerra, confundido entre miles de republicanos sin pasaporte, donde las autoridades francesas quedan desbordadas para su identificación y transcriben irreconocibles apellidos y localidades de origen; en el México que lo acoge, o más tarde en USA al reiniciar su vida. Un huidizo fugitivo, si cabe la redundancia en quien no tiene constatada filiación ni existencia.

La trasmisión del relato ha podido verse afectada por el paso de los años, ser mal recogido o interpretado. Algún dato quedó desnortado. Queda como un enigma y su identidad sepultada en el anonimato, como tantas víctimas de todas las guerras. Solo en las trincheras de Flandes quedaron seiscientos mil desaparecidos en la Gran Guerra. Arqueólogos belgas identificaron en 2016 a uno de ellos, Henry Innes Walker, neozelandés muerto en la batalla de Ypres en abril de 1915. Ciento un años después.

Iluminar estancias del pasado hasta dejar la casa encendida. La imagen del poeta Luis Rosales resume el sentir de esta búsqueda. Quizá permita dar otros pasos, despejar sombras. Las siguientes páginas de esta historia están por escribirse.