El fuerte, ¿una gestión deficiente o descontrolada?

El siguiente punto es desentrañar el por qué no consta en los listados del fuerte, donde un Libro de Registro contabilizó 4970 presos. Para ello hay que desmenuzar cómo se llevó la contabilidad de los presos en aquel agitado periodo.

Una aproximación a la gestión del fuerte se encuentra en el sumario 1915/38, abierto a sus responsables con motivo de la fuga. La opinión del fiscal militar es terminante: “la Prisión funcionaba como si no tuviese Jefe”.

El descontrol no fue solo achacable a la pasividad del director del centro. El fiscal añade como causa la excesiva población reclusa. El director del penal, desbordado por el número de detenidos que le son remitidos, dicta Orden el 9 de agosto de 1936: “En lo sucesivo no se admitirá detenido alguno que no venga acompañado de la correspondiente Orden dada por el Excmo. Gobernador Civil de la Provincia o del Sr. Gobernador Militar de la plaza, quedando por tanto anulados toda clase de suplicatorios de las fuerzas conductoras”. El director se encontró impotente para dar apariencia de normalidad burocrática, llevando un preciso registro, ante la vorágine de asesinatos planificada desde la dirección de los sublevados.

La combinación entre desidia de la dirección del penal, masiva población reclusa y eliminación física de encarcelados, tuvo un efecto sustantivo: la contabilidad de los presos fue deficiente, quedando un número indeterminado de detenidos sin ser registrados.

El contraste entre distintos documentos lo corrobora.

Presos entre julio 1936 (117) y octubre 1937, según el Administrador

Presos entre julio 1936 (117) y octubre 1937, según el Administrador

Un punto de partida válido son los 117 reclusos existentes en junio de 1936, en el que coinciden tanto el Libro de Registro como el sumario 1915/1938 (certificación del administrador del penal, f.112). A finales de ese año, el Libro de Registro anota 142 presos (le suma 135 altas y resta 110 bajas); el certificado del administrador contabiliza 611. Dos documentos oficiales que muestran una flagrante contradicción.

No es la única discordancia. Producido el levantamiento golpista en julio de 1936, el registro de presos se reinicia en agosto, pero hasta final de octubre tan solo inscribe 17 altas. Sin embargo, el sumario de  la justicia militar 775/1936 contiene, de modo tangencial, un certificado, –folio 20v-, sobre el ingreso de presos en esos primeros días: el día 21 de julio entraron 25 detenidos; el 22 ingresan 4, y el día 23 otros 33 detenidos. Extrapolándolo –con calculada arbitrariedad- hasta octubre, la cifra de ingresos sobrepasaría el millar. Frente a las 17 altas oficiales.

Las diferencias en contabilidad  ofrecen un indicio sobre la cantidad de presos gubernativos, sin sentencia judicial, que quedaban sin registrar, y de los cuales muchos fueron objeto de “sacas”. Navarra 1936: “A partir del golpe militar de julio el fuerte se convirtió en el fin de viaje de cientos de detenidos navarros”. Da la cifra de 283 asesinados, con la convicción de que fueron más.

La gran Fuga, en 2005, completaba la explicación con testimonios. Teófilo García, preso en la 3ª brigada: “En la 2ª Brigada del fuerte había entonces de Pamplona unos 300 gubernativos, es decir, presos que aún no habían sido procesados. Fueron fusilados en unos quince días de febrero del 37 en Artica”. Abel Salvador, preso en la 2ª brigada: “Cuando nos encerraron en el fuerte había gubernativos sin juzgar en la 1ª brigada, unos 500; cuando les sacaron para juzgar en Pamplona quedaban unos 80, a los otros los habían matado”.

Hubo presos gubernativos que salieron en libertad, pero el número de ejecutados en ese semestre de 1936 se sitúa en ese abanico entre 283/300/420; muchos bajo el subterfugio de evasiones, a las que se aplicaba la Ley de Fugas.

Diario de Navarra (4-8-36)

Diario de Navarra (4-8-36)

El caso del presidente de la Audiencia de Barcelona

El Diario de Navarra de 4 de agosto de 1936 publica la detención de Adolfo Fernández Moreda cuando se encontraba de vacaciones en Alberite –Logroño-, de donde era oriundo, terminando el artículo con un “Sea bien venido al fuerte”. No consta registrado. Pasó por este penal, pero como tantos otros, salió para ser fusilado; en su caso, en las tapias del cementerio de Logroño, el 18 de agosto. Su publicación fue un desliz excepcional, pues la prensa oficial no nombraba la existencia del penal, sin siquiera citarlo en la nota sobre la fuga, ocho días después de producirse.

Una cualificada confirmación la aportó Ignacio Ruiz de Galarreta. Abogado desde 1930, miembro de la CEDA, delegado provincial de Sindicatos después de la guerra, afiliado más tarde a Unión del Pueblo Navarro, confesaba en una entrevista en Diario de Navarra (22-4-1984): “Se criticaba a los republicanos por sus atropellos, pero se olvidaba que aquí, en Navarra, hubo muchos Paracuellos. Ahí están, llenos de muertos la falda de San Cristóbal…/…Aquello era una locura, el imperio del miedo”.

José Manuel Pascual, joven sacerdote diocesano, fue enviado como capellán al fuerte en noviembre de 1938 por el obispo Olaechea y la anuencia de los militares al mando, buscando recomponer un grado de normalidad después de la mortandad causada por la tuberculosis, malos tratos, hambre, y de la matanza que siguió a la fuga de mayo. En sus Memorias dice: “En aquella prisión se cometieron verdaderos asesinatos o fusilamientos. Pueden dar fe de esto que digo, si es que no han sido destruidos, los libros en los que quedaban asentadas las partidas de defunción de varios reclusos “muertos en los fosos de la Prisión por intento de fuga (?)”. De otros no constaba nada. No se sabía mas que esto: que habían sido sacados de la Prisión una noche o una amanecida y que habían aparecido muertos en las cunetas de las carreteras”.