Un desbarajuste que no cesa.

El año 1937 parece iniciarse con un esfuerzo por controlar el trasiego de reclusos. El director ordena el 20 de enero a los funcionarios que faciliten la tarea de dos agentes que harán fichas de los reclusos. Pero el descontrol se mantiene: el mismo director firma el 2 de junio de 1937 la puesta en libertad del azagrés Constantino Cerdán -no registrado-, quien es asesinado a continuación en las inmediaciones del fuerte. Los azagreses Julio Sola Sobejano y Julio Sola Serrano ingresan el 23 de agosto de 1938 en la cárcel provincial procedentes del fuerte, donde no estaban registrados…

N-1936 aporta otros casos que contradicen esa Orden del director: el capellán castrense de Miranda de Arga firma el 22 de marzo de 1937 una relación de 16 vecinos detenidos en el fuerte. Ninguno figura registrado, y entre ellos Z. Baztán y F. Guillén son asesinados en mayo. D. Jiménez, de Olazti, es inscrito en su pueblo como muerto en el fuerte el 7 de marzo, sin que conste registrado. Tampoco figura P. Barco, alguacil de Milagro, sacado del fuerte para ser asesinado el 23 de mayo. R. Moriones, J. Rocafort y L. Mangado en abril, y R. Viguela en agosto, constan inscritos en el Registro Civil de Ansoain como fallecidos en el penal, nuevamente sin estar registrados.

La presencia de presos no contabilizados es relevante hasta mediados de 1937, coincidente con las últimas sacas conocidas. A partir de agosto es un fenómeno residual, aunque por pura inercia, existente. Si bien con un limitado rango, se mantienen las desavenencias entre las distintas fuentes contables (certificado del administrador, Libro de Registro, y los partes diarios de Diana y Retreta conocidos, que también señalan la cuantía de reclusos).

Las raciones de pan.

La burocracia delata los secretos mejor guardados. Algo tan banal como las raciones de alimentación es un fiable medio de contabilizar los presos en el fuerte, que permite deducir el número de gubernativos en 1936-37. Nuevamente, sirve para ajustar la contabilidad de presos el 22 de mayo de 1938: los 2487 que figuran en el sumario coinciden con las raciones de pan impartidas ese día.

En la prisión provincial de Pamplona, los estadillos de alimentación, nominativos, desvelados por el historiador J. Casanova, permitieron conocer los listados de encarcelados entre 1936-39 y fechas de estancia, documentando casos como la saca de 52 presos el 23 de agosto de 1936, asesinados en el corral de Valcaldera (Cadreita).

La magnitud de los datos analizados hace inevitable algún error puntual, pero no cambia la fotografía: hubo cientos de detenidos no registrados, muchos de los cuales fueron asesinados, y la imprecisión en su contabilidad se mantuvo a lo largo de los años.