Los presos de los pueblos de Navarra

Otras fuentes confirman la existencia de cientos de presos navarros –y riojanos- que pasaron por el fuerte y no fueron contabilizados. Navarra 1936 detalla por localidades el traslado de vecinos que no serán registrados: Jaime Jiménez y Fernando Navarro, de Aoiz, fusilados al salir del fuerte; otros siete de Murillo el Fruto, sacados y fusilados el 11 de enero de 1937; el médico de Ezcabarte, Gradín; Robustiano Zubiat, de Gallipienzo, con 10 hijos, detenido el 25 de julio, trasladado al fuerte y asesinado el 21 de octubre. Marcelino Zaratiegui, detenido y trasladado al fuerte en agosto de 1936, asesinado dos días después en el paraje de Arreketa, entre Sorauren y Olave, e inscrito en 1950 en el registro civil de Cáseda, donde era maestro. El mismo texto aporta otro documento, del 22 de marzo de 1937, firmado por el capellán castrense, con una relación de 16 vecinos de Miranda de Arga detenidos en el fuerte. Ninguno figura registrado. Cinco murieron asesinados; dos de ellos, Zacarías Baztán y Felipe Guillén, en mayo de 1937. Domingo Jiménez, de Olazti, es inscrito en su pueblo en 1940 como muerto en el fuerte el 7 de marzo de 1937, sin que esté en el Libro de Registro. Tampoco figura Pablo Barco, alguacil de Milagro, sacado del fuerte para ser asesinado el 23 de mayo de 1937.

Otros reclusos no registrados constan inscritos en el Registro civil de Ansoain como fallecidos en el penal: S. Esparza (8-1-1937); R. Moriones, J. Rocafort y L. Mangado, fusilados junto al fuerte el 6-4-1937; R. Viguela (7-8-1937).

Un indicativo muestrario de los cientos de presos navarros –y riojanos- no registrados.

El caso del presidente de la Audiencia de Barcelona

Diario de Navarra (4-8-36)

Diario de Navarra (4-8-36)

El Diario de Navarra de 4 de agosto de 1936 publica su detención cuando se encontraba de vacaciones en Alberite –Logroño-, de donde era oriundo, terminando el artículo con un “Sea bien venido al fuerte”. El citado, D. Adolfo Fernández Moreda, no consta registrado. Pasó por este penal, pero como tantos otros, salió para ser fusilado; en su caso, en las tapias del cementerio de Logroño, el 18 de agosto. Su publicación resulta un desliz excepcional, pues la prensa oficial no daba cuenta de la existencia del penal, sin siquiera citarlo en la nota sobre la fuga, ocho días después de producirse.