Concluido que la contabilidad de represaliados en Azagra y en el fuerte presenta sombras por las que se ha podido filtrar algún nombre, el último interrogante era por qué nadie lo echó en falta en el pueblo.

Nadie parece llorarlo. Es el punto de partida para revisar la información existente. El perfil más probable, el de una familia forastera y que hubiese sufrido una tragedia que la sumiese en el silencio. De los 70 fusilados, la mayoría son nacidos en Azagra. Solo seis lo hicieron fuera: el médico y el dentista –descartados en razón de su profesión- y cuatro riojanos: Andrés Lorente, Santiago Pascual, Román Medrano y Rufina Pérez. El mundo es ancho y ajeno, decía Ciro Alegría. Lo era para esos riojanos que un día cruzaron el Ebro para trabajar de jornaleros en Azagra y otros pueblos de la Ribera navarra. Ahora lo cruzamos en sentido contrario siguiendo sus pasos.

Seguir el rastro de los desheredados en catastros y notarías es trabajo baldío. Conviene centrarse en penales o levas militares, en los que engrosan sus filas. Rebuscando papeles, un escrito llama la atención: en noviembre de 1938, el servicio de Quintas de Logroño se interesa por el paradero del mozo Lope Haro Vega, de padres desconocidos, que salió de la Beneficencia hacia Azagra en compañía de Cándido Pascual en 1925, cuando tenía cuatro años. El ayuntamiento de Azagra responderá que su paradero es desconocido, por lo que la administración militar lo declarará prófugo en marzo de 1940. Una pista posible.

 

Lope. De Logroño a Azagra

Lope. De Logroño a Azagra

La familia Pascual-Pérez

Se hace necesario iniciar el capítulo anunciando que la identidad del cuarto fugado no se encuentra en esta familia, pero su caso prueba que hubo algún caso que quedó sin esclarecer en Azagra.

En el ominoso listado de represaliados, Rufina Pérez Castillo, “la Seronera”, y su marido Cándido Pascual Rada, presentan muchos de los rasgos de la familia buscada. En primer lugar, la familia era forastera. Rufina (Autol, 1897) y Cándido (Quel, 1896) eran riojanos, de poblaciones cercanas a Azagra, donde con veintiséis y veintisiete años llegan en 1923.

En 1925 Cándido llega con un niño de cuatro años procedente de la Beneficencia de Logroño, Lope Haro, nacido en 1920 de madre soltera. En el Padrón de 1935 queda inscrito como Lope Pascual Rada, hijo de Cándido y Rufina.

En 1933 María se une a la familia. Nacida en 1922, era hija de Casimiro, hermano de Cándido y de Consuelo. Al morir la madre en 1932, Casimiro, “el Casetas” no puede hacerse cargo de su numerosa prole, y la niña queda con ellos. Esta nueva adopción obedece más al patrón de la época, en el seno de la familia, como situaciones “de facto”. Figura en el Padrón de 1935 con los apellidos de los padres de acogida.

La familia vive en la calle Alta, Callarta, popular contracción azagresa- cercana a la peña, donde había cuevas habitadas por los vecinos sin otro recurso. Lope – ya con 14 años- y Cándido figuran como pastores, como pastor de cabras era Casimiro en Quel, y como antes lo fue el abuelo Genaro. Rufina está afiliada a UGT, muestra su activismo, y su mote, “La Seronera”, su dedicación a hacer serones, las alforjas de esparto de las caballerías. Consta como analfabeta, como el 40% de la población, sobre todo mujeres y niñas, pero se esfuerzan en mejorar el destino de sus hijos adoptivos, que saben leer y escribir.

En Azagra, destacado por su organización obrera, Rufina y Cándido se encuentran integrados entre sus compañeros socialistas, actuando como testigos en la primera boda civil, en octubre de 1932, entre Adoración Iñigo y Santiago Pascual. Cándido ocupa cargos en la agrupación, y combina su trabajo de pastor con la corresponsalía del periódico de UGT, Trabajadores, donde escribe a favor de las ceremonias civiles –nacimientos, uniones, fallecimientos- que erosionan el poder de una iglesia comprometida con los poderosos. Incluso se atreve con alguna rima, ensalzando a los apóstoles laicos Pablo Iglesias y al beratarra Basilio Lacort, editor anticlerical y republicano.

A partir del golpe de julio, Cándido fue objetivo codiciado. Buscaban a quien propagaba entre los jornaleros el reparto de tierras. Ideas ajenas, divulgadas por un forastero. El párroco Beguiristain acaudilló la erradicación física de quienes alentaban las ceremonias laicas al margen del monopolio parroquial. Navarra 1936 recoge sus palabras: “A los escapados, estén donde estén, los hemos de encontrar para hacer justicia”, palabras pensadas para Cándido, su adversario desde las páginas de la prensa socialista. A Rufina, en agosto, “la fusilaron los matones hartos de buscar a su marido que se hallaba escondido y la mataron en Pradejón, dejándola junto a otros”.

La extensa lista de desaparecidos de Azagra fue con el tiempo esclareciéndose; la mayoría quedaron como fusilados. Cándido quedó como desaparecido, pero su paradero se recoge en el libro La Rioja 1936. Desde los regadíos escapó a Quel. Se refugió en casa de sus padres, María y Genaro. Fue uno de los “topos” que generó una guerra de exterminio. Conocía su destino si asomaba. Falleció en 1945, con 49 años.

Cándido se refugió en casa de sus padres, María y Genaro. Fue uno de los “topos” que generó una guerra de exterminio. Conocía su destino si asomaba. Falleció en 1945, en el domicilio de la calle Canalizo 22, con 49 años.

Siendo forasteros, nadie echó en falta a la familia. Navarra 1936 recoge fotografías de 47 de los fusilados de Azagra, un esfuerzo extraordinario. Ninguna de Rufina o Cándido, a pesar de su destacado activismo. Su arraigo estaba entre sus compañeros, pero todos desaparecieron. Su amigo Santiago Pascual, fusilado. Julio Martínez, padre del niño que Rufina inscribe en su nacimiento, fusilado. Francisco Castro, herrero y alcalde, fusilado. Andrés Zudaire, preso en el fuerte y fusilado en Urtasun. Nadie parecía llorarlos. Más correcto resulta decir que nadie pudo llorarlos.

En su acta de defunción consta que el matrimonio no deja sucesión. Sus hijos adoptivos quedan en la sombra, pero la abuela María Rada recoge a ambos desamparados. La niña era huérfana de madre. Casimiro, su padre biológico, era fusilado el 31 de julio de 1936 en Calahorra. Con 15 años María se trasladó a trabajar en una casa a Arnedo, más tarde se casó y falleció en 2012 en Logroño. Nunca habló profusamente de aquel periodo de su vida, pero alabó el trato que le dieron sus padres adoptivos, a quienes definía como gente solidaria, culta y comprometida.

Lope, un adolescente sin familia, figuró en 1940 en el Padrón como desaparecido y a su vez, prófugo del servicio militar. Su descripción es acorde a muchos rasgos de los testimonios dados por las personas que estuvieron con el fugado en 1997 en Iragi: Pero Lope falleció prematuramente con 21 años de una dolencia cardiaca. Su inscripción en Quel así lo confirma.

Acogidos María y Lope en la casa de Quel, conviven -sin saberlo y sin verlo por motivos de seguridad-, con su padre adoptivo, escondido en el desván de la casa. Solo cuando fallece en 1945, tomará conciencia María del significado del plato de comida que la abuela subía todos los días al piso superior.

Se descarta la hipótesis que apuntaba a Lope como el buscado fugado, pero prueba que hubo quien quedó en la sombra. Ello obliga a volver sobre los sucesos de ese cruento verano en Azagra y en esa parte de la Ribera.

Periódico Trabajadores de la UGT de Navarra entre 1932 y 1936

Periódico Trabajadores de la UGT de Navarra entre 1932 y 1936

Ver Artículos de Cándido Pascual en el periódico Trabajadores

El golpe militar de julio de 1936

La tarde del 18 de julio de 1936, el alcalde Francisco Castro reúne ante el ayuntamiento a los suyos, y armados con escopetas, toman el control del pueblo. Un grupo se aposta en el Plano, a la salida del pueblo; Basilio León y Paulino Gutiérrez tirotean el coche en el que el cabo del puesto y otros números se retiran para concentrarse en Tafalla. El vehículo sufre ocho impactos, pero ningún ocupante resulta herido. Esa noche se mantienen en vela, patrullando el pueblo, pero en la mañana, la Guardia Civil reforzada con paramilitares falangistas y requetés, entra en el pueblo y se inician las detenciones y fusilamientos.

El alcalde, acompañado de Emiliano Jiménez, marcha ese mismo día 19 de julio a Pamplona a recibir instrucciones del Gobierno Civil, y de allí al Círculo de Izquierda Republicana, pero ambos centros están ya tomados por los golpistas. Regresan precipitadamente y se ocultan en los montes cercanos a Calahorra hasta septiembre, en que intentan sin éxito y junto a otros vecinos, la huida a Francia.

El Diario de Navarra de 4 de agosto de 1936: “Por la Guardia civil de Azagra con el auxilio de movilizados de Falange y Requeté, han detenido a los vecinos de aquella villa Julián Corroza, Basilio León, José San Vicente, Paulino Gutiérrez, Andrés Zudaire, Jesús Hernández y Gregorio Berisa, los cuales en unión de dos más que han desaparecido fueron los que en la madrugada del 19 en el término del Plano de aquella jurisdicción se apostaron junto a la carretera ocultos en una viña e hicieron una descarga contra un coche en el que iba la fuerza de la Guardia Civil de regreso a Tafalla”. El Consejo de Guerra de 16 de agosto que los condena implica a otros dos, entre ellos a Cándido Pascual

Navarra 1936: “Muchas personas se escaparon al campo donde permanecieron escondidas durante el día para salir a la noche. Pero la mayoría, que no pudo o no quiso escaparse, iban siendo detenidos poco a poco. Las batidas continúan y los numerosos fugados tienen problemas de abastecimiento a pesar del esfuerzo de sus familiares por llevarles alimentos…/…Poco a poco los escapados iban siendo capturados”.

Una detallada reconstrucción de los sucesos fue publicada en 1986 por Juan Jesús Virto en la Revista de Príncipe de Viana, bajo el título deAlgunas aportaciones a la historia de la Guerra Civil de 1936 en Navarra”. “En Azagra, al marcharse concentrada la Guardia Civil, los partidos izquierdistas con predominio de los socialistas, se lanzan a la calle en la noche del 18 al 19 de julio. Grupos armados patrullan por la villa hasta el día siguiente en que la Guardia Civil, declarado ya el estado de guerra, vuelve a controlar el orden público. De inmediato los elementos de izquierda más comprometidos cruzan el Ebro o se refugian en el campo, donde coinciden con fugitivos de las poblaciones vecinas…/… La lectura del bando de guerra el 19 de julio provoca en la Ribera la desbandada general de los hombres que militaban en partidos y sindicatos de izquierda. Muchos de ellos se ocultan en regadíos cercanos, fascales de mieses o en corrales de ovejas desperdigados por el campo…/…Los izquierdistas deambulan sin rumbo por las orillas del Ebro –algunos logran refugiarse en las montañas de Soria-…/…Los días 19 y 20 de julio varios vecinos de Peralta y Funes comunican a la Guardia Civil del puesto de Peralta que en un corral de albergar ganado sito en el término de Azagra, se había concentrado gente huida de los pueblos de Azagra, Andosilla, Funes, Peralta, Rincón de Soto y Aldeanueva de Ebro…/…El comandante ataca el corral de los refugiados el día 21; unos sesenta hombres rodean el corral, causando a los encerrados algunas bajas. Perseguidos de cerca, los izquierdistas abandonan como pueden el corral para desperdigarse por los campos. Parte de ellos cruza el Ebro y otros encuentran refugio en un soto próximo.

Se hace inevitable vincular a los huidos de Azagra con los de los pueblos vecinos, que compartieron su suerte en el citado corral ganadero y en los regadíos ribereños del Ebro. Es el trasfondo histórico para valorar un comentario de Pilar Martínez (n.1931) en Azagra, en 2013. Su padre, Julio Martínez Serrano, ingresó en el fuerte en diciembre de 1938, procedente de la prisión provincial. Supo que en el momento de la revuelta, los presos de su pueblo estaban en la misma celda y allí permanecieron, desconfiando de los sucesos. Pero su padre añadía que Andrés Zudaire compartía celda, pero alternaba poco con los suyos. En el momento decisivo, tomó diferente rumbo, se fugó. Con alguien de su confianza, quizá de la zona, pero ya no del grupo originario de Azagra. El destino compartido en los huidos en Azagra en 1936 pudo repetirse en la fuga de 1938.