El eco de la Fuga. El bulo de la autoría falangista

“Cada mañana, para ganarme el pan, voy al mercado donde se compran mentiras, y lleno de esperanza me pongo en la fila de los vendedores”. B. Brecht, 1941.

La difusión alcanzada por la fuga en los medios fue desigual (*).

En el bando franquista, dirigida a minimizar su trascendencia y estigmatizarla como obra de peligrosos criminales. La noticia escasamente trascendió del ámbito local. La prensa republicana o nacionalista había sido clausurada y se editaban el Diario de Navarra, el Pensamiento Navarro y la Hoja del Lunes, que publicaron la versión oficial. El primero es del martes 31 de mayo, donde una esquinada nota del Servicio Nacional de Prensa titula: “Fracasada revuelta de unos prisioneros por delitos comunes, un puñado de asesinos, atracadores y ladrones”, que ni siquiera recoge que ha sido en el fuerte de Ezkaba. El segundo, de 17 de junio, se hace en respuesta a “la prensa francesa a sueldo de los rojos”: daba por finalizado el operativo con la captura de la mayoría y la muerte del resto por su resistencia a la fuerza pública. Reacios a aceptar que la fuga se hizo sin apoyo externo, inciden en la investigación judicial sobre la ayuda de armas pasadas por la frontera y la presencia de elementos extranjeros en los caseríos de la zona.

Más dramática fue su difusión en el bando republicano y prensa internacional, donde tuvo un eco notable pero garrafalmente erróneo, ya que fue presentada como una evasión organizada por falangistas. La gesta de los presos republicanos quedó ninguneada.

Resulta reiterativo reproducir la misma versión en cada medio (Mundo Obrero, El Socialista, Solidaridad Obrera, La Vanguardia, Euzko Deya, Ce Soir, Le Matin, Sud-Ouest, The Times, The Guardian, New York Times…). Todos participaron de la misma fabulación, aderezada con peregrinos detalles: la presencia del dirigente falangista Hedilla o del general Yagüe, levantado contra Franco y refugiado en los montes de Navarra -en otra reseña, suicidado-; incluir entre los fugados al hijo del general republicano Miaja, o a un hermano del ministro Manuel Irujo; que los fugados tenían la intención de tomar Pamplona, y a continuación San Sebastián y Bilbao, o que ya se dirigían a Zaragoza…

¿Fue la fabulación falangista producto de la situación política del momento o una intoxicación inducida? A las víctimas tangibles en los montes, cabría añadir otra más intangible, habitual en los conflictos: la verdad contada sobre los hechos.

Para dar con las claves de tan disparatado enfoque, resulta primordial recordar el contexto que agitaba la vida política en esa primavera de 1938:

  • En el bando republicano: el presidente de gobierno, Negrín, hizo ese mes de abril, en un momento ya de extremas dificultades, una propuesta de 13 puntos para alcanzar la paz. Se inician con la salvaguardia de la independencia de España y la retirada de los militares extranjeros–Legión Cóndor alemana y el Cuerpo expedicionario italiano-, propuesta que el bando republicano se esforzó en promover en esos meses de 1938.
  • En el bando franquista: los falangistas y el general Yagüe, caudillo militar de esa facción, perciben que van quedando desplazados del poder a partir del Decreto de Unificación de 1937, que conlleva el poder absoluto para Franco. Hedilla y otros falangistas son encarcelados. En esa pelea entre golpistas, Yagüe da un discurso en Belorado (Burgos) en abril de 1938, en el que hacía una velada crítica a la presencia extranjera en el conflicto –italianos y alemanes-, por el que fue temporalmente apartado del mando.

La prensa republicana magnificó los hechos: quiso ver en ello disensiones en el mando rebelde sobre la propuesta de Negrín. Las semanas anteriores a la fuga agitaba las disensiones entre los cabecillas rebeldes. Solidaridad Obrera, de CNT, titulaba el 14 de mayo a toda plana: Franco contra Falange. El caldo de cultivo previo fue determinante para arrogar la autoría a los falangistas.



(*) Ver Anexo: Prensa