Los periodistas franceses en el Fuerte

Marina Casanova describe otro caso de intoxicación promovido por el comandante Troncoso: la falsa acusación de introducir bacilos, valiéndose de dos periodistas franceses, para causar epidemias en la población civil de la zona franquista, como parte de una guerra biológica prohibida en las convenciones internacionales. Su finalidad, desprestigiar al gobierno de la República, y contrarrestar ante la opinión pública internacional el eco de la destrucción de Gernica unos días antes.

Los dos periodistas, supuestamente inoculados con el virus de una enfermedad contagiosa, fueron detenidos en la frontera de Irún en marzo de 1937, juzgados en Donostia por un tribunal presidido por Troncoso y recluidos en el fuerte, Jean Bouguennec, de 25 años, y Witolds Jelinski, natural de Paris y de origen polaco, de 34 años. Lo relevante es el impacto que una campaña urdida por los servicios de inteligencia franquistas concitó en los medios de comunicación y en la opinión pública. Cuando Marinero y Lorenzo llegan a Francia, Le Sud-Ouest los interroga sobre estos periodistas; también Jovino Fernández en Solidaridad Obrera, Barcelona, habla de los franceses presos. Fueron trasladados en septiembre de 1938 a la isla de San Simón (Pontevedra), si bien el preso J. Landa, en sus Recuerdos, añade que fueron puestos en libertad una vez que Francia reconoció al gobierno de Franco.