The smoking gun

La asignación de autoría falangista a la fuga se inscribe en ese contexto político y en ese campo de operaciones. Más complicado es probar quién pudo estar interesado y tenía medios para llevarlo a cabo. Entre los actores presentes, la intoxicación parece coincidir con los intereses de la diplomacia británica, cuya excelente relación con el comandante Troncoso está acreditada. Marina Casanova lo cita como el contacto con la diplomacia inglesa en la zona; el consulado republicano de Hendaya anota el 27-8-1937 su regalo de una caja de botellas de Jerez al embajador de Gran Bretaña.

El gobierno británico antepuso su política de apaciguamiento ante los regímenes totalitarios que apoyaban a Franco a la legitimidad del gobierno republicano. Sus prejuicios acerca de una República filocomunista se agudizan con la jefatura de Negrín. Son incontables los gestos hostiles que contravienen su política oficial de No Intervención. En abril de 1938, el British Overseas Bank, encargado de las trasferencias del gobierno con su servicio exterior, cesa los envíos, ahogando financieramente la diplomacia republicana, con excusas que ocultan sus acuerdos con Franco, a quien ya atisban como ganador en la contienda.

Pero a su vez, a los británicos les inquieta la alianza de Franco con Alemania, que ya se vislumbra en el horizonte como el rival a batir en la próxima guerra europea. Las aviaciones italiana y alemana habían hundido varios barcos ingleses en puertos españoles y estaba en peligro el vital abastecimiento de mineral para la isla. Fomentar la imagen de rebelión –falangista- contra Franco por sus estrechos lazos con italianos y alemanes, coincide con su posición diplomática.

Tan solo horas después de la fuga, la británica agencia Reuters desde San Juan de Luz, ya otorga la autoría a Falange, como lo hace The Times en un despacho del lunes 23 desde Baiona. El resto de los periódicos en días sucesivos dan crédito a esa fuente y así queda escrito. El día 25, Mundo Obrero se hace eco de Le Matin, que reproduce un despacho desde Gibraltar a Londres, sobre el supuesto suicidio del falangista Yagúe por su discurso anti-italiano de abril.

El 5 de julio de 1938, el Comité de No Intervención aprobó el proyecto británico de retirada de fuerzas extranjeras. La República lo cumplió con la retirada de las Brigadas Internacionales. Franco, sintiéndose vencedor, lo ignoró, como lo había hecho con los trece puntos de Negrín, que incluía la retirada del Cuerpo expedicionario italiano y la Legión Cóndor alemana.

El papel del espionaje inglés o del comandante Troncoso dan al relato un aire de novelesca conspiración con la finalidad de magnificar su peso, pero entre las bambalinas de esta fabulación, aparecen y reaparecen los mismos personajes.

Ángel Alcázar de Velasco, preso falangista en el fuerte, indultado por su colaboración en sofocar la revuelta, resurge en enero de 1941 como agregado de prensa en la embajada española de Londres. Allí comparte tareas con José Brugada, quien en 1938 trabajaba como agente del servicio de información franquista en Francia –SIFNE-, como lo señala el profesor A. C. Moreno, de la Universidad de Alcalá.

Alcázar publicó en la editorial Planeta en 1977 un libro en el que narra su estancia como preso en el fuerte. Un cúmulo de invenciones sin rigor, pero desliza que la evasión se planificó en Hendaya. Su contacto en Londres en 1941 con Brugada, espía en Francia en 1938, gestó ese comentario. Alcázar apunta Hendaya como origen de la fuga, cuando lo fue de su posterior manipulación.

La gran Fuga identifica a tres falangistas, ubicados en Pabellones: Alcázar, Chamorro y Rodiles, quienes no participaron en el motín. Los dos últimos habían sido trasladados antes al penal de Valladolid y la participación de Alcázar fue para abortar la intentona, que le fue reconocida y premiada con la reducción de condena. Sin embargo, sí hubo testimoniales falangistas entre los fugados, como Juan Cabello. Es lo que sostiene un informe de la G. C. de 12 de agosto de 1938. Después de la fuga, se solicita información a las localidades de origen de los procesados. Desde Huelva dicen que “prestó servicios de arma como Falangista, a cuya organización pertenece…/… estando considerado como uno de los que con más fe luchaba a favor de la Causa Nacional”. También Arcadio Morán, otro fugado, se declara falangista.