The smoking gun

La asignación de autoría falangista a la fuga se inscribe en ese contexto político y en ese campo de operaciones. La duda razonable es si hubo una interesada filtración de noticias que tergiversasen el sentido de los hechos. La prensa fue alimentada de informaciones provenientes de Hendaya o Bayona, o de los puestos fronterizos, que confirmaban su carácter falangista. No pudo ser casual tan variada, y a su vez, tan desvariada información.

¿Dónde estuvo su origen?

Tan solo horas después de la fuga, la británica agencia Reuters desde San Juan de Luz, ya otorga la autoría a Falange, como lo hace The Times en un despacho del lunes 23 desde Bayona. El resto de los periódicos en días sucesivos dan crédito a esa fuente y así queda escrito. El día 25, Mundo Obrero se hace eco de Le Matin del 23 de mayo, que reproduce un despacho desde Gibraltar a Londres, sobre el supuesto suicidio del falangista Yagúe por su discurso anti-italiano de abril.

¿Quién pudo estar interesado en el bulo y tenía medios para difundirlo? Entre los actores presentes, la intoxicación parece coincidir con los intereses británicos, cuyo gobierno antepuso su política de apaciguamiento ante los regímenes totalitarios que apoyaban a Franco a la legitimidad del gobierno republicano. Sus prejuicios acerca de una República filocomunista se agudizan con la jefatura de Negrín. Son incontables los gestos hostiles que contravienen su política oficial de No Intervención. En abril de 1938, el British Overseas Bank, encargado de las trasferencias del gobierno con su servicio exterior, cesa los envíos, ahogando financieramente la diplomacia republicana, con excusas que ocultan sus acuerdos con Franco, a quien ya atisban como ganador en la contienda.

Pero a su vez, a los británicos les inquieta la alianza de Franco con Alemania, que ya se vislumbra en el horizonte como el rival a batir en la próxima guerra europea. Las aviaciones italiana y alemana habían hundido varios barcos ingleses en puertos españoles y estaba en peligro el vital abastecimiento de mineral para la isla. Fomentar la imagen de rebelión –falangista- contra Franco por sus estrechos lazos con italianos y alemanes, coincide con sus intereses.

La diplomacia británica logró un éxito el 5 de julio de 1938 en ese esfuerzo. El Comité de No Intervención aprobó su propuesta de retirada de fuerzas extranjeras. La República retiró las Brigadas Internacionales. Franco, sintiéndose vencedor, lo ignoró, como lo había hecho con los trece puntos de Negrín, que incluía la retirada del Cuerpo expedicionario italiano y la Legión Cóndor alemana.

El papel del espionaje inglés da al relato un aire de novelesca conspiración con el fin de magnificarlo, pero entre bambalinas aparecen y reaparecen los mismos personajes: Ángel Alcázar, preso falangista en el fuerte, indultado, resurge en enero de 1941 como agregado de prensa en la embajada española en Londres, junto con José Brugada, quien en 1938 era agente del espionaje franquista –SIFNE- en Francia.

Alcázar publicó en 1977 un libro en el que narra su estancia en el fuerte. Un cúmulo de invenciones sin rigor, pero desliza que la evasión se planificó en Hendaya. Su contacto en Londres con Brugada gestó esa afirmación. Alcázar apunta Hendaya como origen de la fuga, cuando lo fue de su posterior manipulación.

La gran Fuga identifica a tres falangistas, ubicados en Pabellones: Alcázar, Chamorro y Rodiles, quienes no participaron en el motín. Los dos últimos habían sido trasladados antes al penal de Valladolid y la participación de Alcázar fue para abortar la intentona, que le fue reconocida y premiada con la reducción de condena. Sin embargo, sí hubo testimoniales falangistas entre los fugados, como Juan Cabello. Es lo que sostiene un informe de la G.C. de 12 de agosto de 1938. Después de la fuga, se solicita información a las localidades de origen de los procesados. Desde Huelva dicen que “prestó servicios de arma como Falangista, a cuya organización pertenece…/… estando considerado como uno de los que con más fe luchaba a favor de la Causa Nacional”. También Arcadio Morán, otro fugado, se declara falangista.