Del Fuerte al encierro en Francia

Para ellos la vida no fue fácil. Ingresados los tres en el fuerte en el verano de 1937, los dos primeros se conocían de la brigada que reparaba la carretera al fuerte en los meses previos a la fuga. En esa fecha tenían 22, 38 y 30 años. Cruzaron la frontera por pasos cercanos, con tres días de diferencia. Sin margen para reponerse de su extenuante cautiverio y huida, los tres regresan a Barcelona. Los tres cruzan nuevamente la frontera en La Retirada entre febrero y marzo de 1939, para sufrir encierro en los contiguos campos de concentración franceses. Los antiguos presos vuelven a ser encerrados.

Barcarés, Argeles, S.Cyprien.

Barcarés, Argeles, S.Cyprien.

Valentín y Jovino son enviados a batallones de trabajo. El primero en Meysac, el otro en Decazeville, separados a un centenar de kilómetros. Mientras José embarca para México. Los tres murieron en el exilio. No consta que se arrepintiesen de su fuga.

Presentación del libro en el 75 aniversario de la fuga

Presentación del libro en el 75 aniversario de la fuga. De izda a derecha Cristina Plaza Lorenzo, sobrina-nieta de Valentín Lorenzo; Ana, hija de Jovino Fernández; Pilar, hija de José Marinero, y el autor del texto.

 

La hostilidad a los refugiados en Francia

La política de los gobiernos franceses fue hostil hacia los republicanos, tanto la denominada de NO Intervención hasta 1939, como la del gobierno colaboracionista bajo la ocupación alemana en 1940. Recluyeron a los exiliados en “campos de acogida” cuyas pésimas condiciones buscaban desalentar su permanencia en Francia. En otros casos los repatriaron forzosamente, como a Julián Zugazagoitia o Lluís Compains, fusilados en 1940, u otros más anónimos: entre el 18 y el 25 de mayo de 1940 la gendarmería efectuó una razia, deteniendo a un millar, previamente seleccionados por el ministro franquista Félix Laquerica, con el apoyo sobre el terreno de Jean Ibarnegaray, ministro del colaboracionista Pétain, enriquecido con la venta de armas a los rebeldes franquistas y abanderado de la persecución de estos exilados.

De entre quienes cruzan la frontera a consecuencia de la derrota republicana, particularmente con la caída de Catalunya en marzo de 1939, se calcula que más de 260000 fueron confinados en los llamados “camps d´ccueil”, como Barcarès, Argelès-sur- Mer, Saint Cyprien, Septfonds, Adge o Bram.

Los refugiados de la parte del Pirineo Occidental, originados por la caída del frente norte y huidos del campo franquista, estaban dispersos en campos del Rosellón cuando se habilitó el campo de Gurs en el Bearne. La más completa relación la da el fichero de L. Salazar, responsable del gobierno vasco,  que recoge 6000 nombres que pasaron por ese y otros campos. Josu Chueca, en “Gurs, el campo vasco”, amplia la relación con fuentes documentales complementarias, lista que puede seguir creciendo: Basándose en el registro de defunciones del ayuntamiento de Gurs, cita que murieron 13 republicanos, entre ellos dos vascos, Jesús Echarri y Venancio Echeberri, pero el hospital de Orthez acogía a confinados de Gurs que fallecieron y fueron inscritos allí, como Antonio Gurruchaga.

  • Pasajeros del Ipanema y Mexique citan también su paso por Gurs.
  • En Gurs fueron recluidas más de 60000 personas. Aparte de los  6500 vascos que centran el libro de Chueca, hubo otros republicanos, miembros de las brigadas internacionales, y más adelante unos 30000 judíos y cientos de gitanos.  Su cementerio guarda las sepulturas de 1170 prisioneros. No fueron propiamente campos de exterminio, pero sí centros de reclusión imperativa, rodeados de alambradas y donde las duras condiciones ocasionaron una alta mortandad. No figuran en los programas escolares de Francia, como lo están los campos nazis. Otros borrados de la historia.

El listado de Salazar sigue al censo de refugiados asentados en los Bajos Pirineos elaborado por el Consejo de Navarra en Bayona, basado a su vez en el elaborado en 1940 por Rufino García Larrache. J.J. Virto, en “Organización y censo de refugiados navarros en Francia”, ofrece una relación de navarros refugiados, que alcanzaban los 500 en 1946; de ellos 17 en Alduides, 5 en Urepel y 13 en Banca. Tampoco este censo es definitivo, pues no todos los exilados se quedaron hasta 1946 o fueron anotados. Esta información se completa, para el caso de Banca, con la aportada por Claude Lesgourges del listado de refugiados políticos, vinculada a la guerra civil: son mayoría de baztaneses, pero José Lasheras Borobia, de Buñuel y Felipe Gordo Bueno, de Cáceres, llegan el 2-1-1940, procedentes del campo de Gurs.