¿Era temeraria la intentona?

La pregunta no tiene una respuesta unívoca.

De hecho, solo uno de cada tres reclusos decidió lanzarse al monte.

En la mente de sus dirigentes bullía evadirse y apoyar la causa republicana; en la mayoría de los fugados, escapar de una muerte lenta. Aparte de los muertos, otros evadidos fueron heridos, como Juan Iglesias, a quien se le amputó el brazo izquierdo. En el brazo también fue herido el fugado de Banca y en el muslo de la pierna José Marinero. Pero permanecer en el fuerte, tampoco era una garantía de supervivencia. Cientos murieron de enfermedad y malos tratos.

La intentona de promover una masiva evasión de 2487 presos republicanos, dispersos por los montes de Navarra hacia la frontera, alterando la retaguardia del bando sublevado, y dando un golpe propagandístico, se explica por el perfil de los promotores: una generación de revolucionarios, al estilo del retratado Leopoldo Pico, disciplinados y con total dedicación a la causa, aun a costa de cualquier sacrificio personal. Ayudar a la República desde su puesto.

Con la mirada de hoy, resulta extraño un temple del que el historiador Eric Hobsbawm ofrece un ilustrativo ejemplo: “Consideremos el caso de dos jóvenes alemanes unidos temporalmente como amantes, que fueron movilizados de por vida por la revolución bávara de 1919. Olga Benario, hija de un próspero abogado muniqués, y Otto Braun, maestro de profesión. Olga organizaría la revolución en el hemisferio occidental, unida a Luis Carlos Prestes, líder de una larga marcha insurreccional a través de las zonas más remotas de Brasil, que en 1935 pidió a Moscú que apoyaran el levantamiento. El levantamiento fracasó y el gobierno brasileño entregó a Olga a la Alemania hitleriana, donde murió en un campo de concentración. Por su parte, Otto tuvo más éxito en su actividad revolucionaria como único elemento no chino que participó en la célebre “Larga Marcha” de los comunistas chinos, antes de regresar a Moscú. ¿Cuándo, excepto en la primera mitad del siglo XX, podían haber seguido ese curso dos vidas interrelacionadas?

La cita explica la disposición que animaba a quienes se disponían a tomar una fortaleza en la retaguardia franquista y liberar a sus prisioneros. Esta fe voluntarista recuerda a otra intentona fallida en la época, la invasión guerrillera de octubre de 1944. En ambas coincide Jacinto Ochoa.

Sin embargo, la prensa afín mixtificó la intentona y más tarde orilló la gesta. Nunca fueron públicamente reivindicados. En Navarra, escenario de los hechos, no ha sido hito destacado. Al ocultamiento oficial se añade el escaso peso de la participación local entre los fugados y los episodios de cruenta persecución que se dieron. Masacrados en los montes, en el imaginario popular de los valles quedó no como una fuga organizada por los presos para poner fin a su calvario, sino como una evasión consentida, una trampa.

En cuanto a los tres fugados documentados, asalta una pregunta.

¿Qué vértigo pudieron sentir al conocer que fueron 3 entre 795 fugados? Frente a 206 muertos en los montes, mientras ellos alcanzaban la frontera. Frente a 14 fusilados en agosto, mientras ya descansaban en Barcelona. Frente a los 46 que una vez capturados, murieron después en el fuerte entre noviembre de 1938 y 1943.

La extraña sensación que acompaña a los sobrevivientes.