José Marinero (1939)

José Marinero (1939)

Nacido en 1916 en la pedanía segoviana de Dehesa Mayor, cercana a Cuéllar. Jornalero, participa en la resistencia al golpe militar de 1936 desde la Casa del Pueblo de Bernardos, encabezada por su alcalde Clemente Casas, quien declara la huelga general en la comarca. Resisten frente a militares y falangistas hasta el 24 de julio, en el que 63 defensores son detenidos y trasladados a Segovia. Catorce serán fusilados; el resto, condenados a duras penas. José manifestará a su entrada a México que la causa de la condena fue defender al gobierno de la República. Llega al fuerte en agosto de 1937, junto a otros sentenciados en la misma causa.

Datos de su biografía proceden de los periódicos Sud-Ouest, El Socialista, y Euzko Deya de junio de 1938. Su etapa mexicana se abre con su ficha como pasajero embarcado en el Sinaia y su expediente, conservado en el INAH, así como de la información facilitada por su hija Pilar desde México.

Se pone en su boca la declaración que hicieron a la prensa francesa, ya que Valentín no lo hizo “porque podían tomar represalias contra mi mujer y mis hijos”. En el fuerte estaban en la segunda planta y destinados desde septiembre de 1937, en un grupo de presos, a la construcción de la carretera que sube al fuerte. En total eran unos 2600 presos. Algunos comunes, pero la mayoría, por sus ideas republicanas. Recientemente habían llegado un grupo de falangistas. En la tercera planta, donde estaban los intelectuales, había presos franceses, entre ellos dos periodistas de los que ignoran su nombre y paradero, y que fueron maltratados.

El 22 de mayo, hacia las 19:30, escucharon ruidos y movimientos inusuales procedentes del cuerpo de guardia. Un prisionero con el uniforme de guardia – otros testimonios identificaron así a Pico- llegó para anunciarles que estaban libres. Un detalle arroja luz sobre su determinación de sumarse a la evasión. Tres días antes, sesenta y ocho reclusos habían sido trasladados a la prisión de Cuéllar; buena parte de ellos sus compañeros segovianos. Es inevitable preguntarse en qué medida pudo influir la frustración de permanecer en el fuerte en su arranque de lanzarse al monte.

Salieron huyendo sin orden ni orientación, pero con la decisión de llegar en grupos a Francia. Algún mutilado, que no quiso quedarse atrás, fue ayudado por otros fugados y al cabo de los días, agotados, abandonado a su suerte en el monte.

Según la documentación mejicana, José llegó herido de bala en el muslo de la pierna izquierda. De San Juan de Pie de Port fueron conducidos al consulado de Hendaya y después a Bayona. Después de unos días de descanso, fueron enviados a Barcelona, donde tuvieron dudas sobre la veracidad de su gesta, por lo que hasta octubre no fueron asignados a ningún servicio. José, propuesto para teniente de Carabineros, conservó un certificado de enero de 1939 que acredita su presencia en Barcelona, adscrito a la Junta Central de Transporte.

José y Valentín Lorenzo compartieron la derrota del ejército republicano en Catalunya, cruzando de nuevo la frontera, después de la entrada en Barcelona de las tropas de Franco el 26 de enero. José en una columna al mando del capitán Juan Rojo el 10 de febrero y Valentín el 7 de marzo de 1939.

Nuevamente en Francia, volvieron a ser privados de libertad, y los dos fugados, que tanto habían compartido, quedaron separados. Ya no volvieron a verse. Mientras Valentín pasaba del campo de Arcarès-sur-Mer al de Gurs, José, que había estado en Saint Cyprien, tomaba el Sinaia hacia México. Pero José no olvida a su compañero y cuando es requerido por sus autoridades para nombrar alguien que pueda avalar la veracidad de sus datos, cita a su compañero Valentín Lorenzo, a quien presenta como presidente del comité de Salamanca de UGT.

El vapor Sinaia, partió de Sète el 25 de mayo y llegó a Veracruz el 13 de junio de 1939. Sus familiares hablaban de su llegada a bordo del Evita. La confusión procede del renombre que alcanzó en ese tiempo un barco de nombre similar, el Vita, por trasportar un importante tesoro que financió la integración de muchos de esos exilados forzosos. En la ficha de embarque algunos pasajeros escriben sus antecedentes. José, prudente, esperará a llegar a Veracruz para declarar ante emigración su paso por el fuerte y su fuga.

Pasaje barco Sinaia

Pasaje barco Sinaia

El JARE, creado por Indalecio Prieto con los fondos del Vita, financió iniciativas como la compra de colonias agrícolas, que dieron trabajo a miles de refugiados. En el caso de José, hizo peticiones de ayuda en 1941 y 1942 por enfermedad, y para pagar su manutención a la familia López Mier, que le acogió en Puebla, y nombra su pertenencia a las Juventudes Socialistas. Se le concedió una exigua ayuda de 50 pesos.

Su tarjeta de refugiado en México lo describe como de fuerte constitución, 1,56 m, y sin creencias religiosas. Incluye su fotografía a los 23 años. ¿Qué puede leerse en su rostro? Hace escasos tres años estaba segando en su pueblo. Protagoniza una épica fuga, vive una guerra y ahora se encuentra solo en un país desconocido. En su casa de Cuéllar quedan sus padres y seis de sus siete hermanos. La mayor, Jacinta, con 24 años, trabajaba de modista en Valladolid. El más pequeño, Laurentino, de 2 años cuando lo vio por última vez y con el que solo se comunicó por carta. Algún preso del fuerte de regreso a Cuéllar dio la noticia de su huida, pero tardó años en ponerse en contacto con su familia. Rufina, otra de sus hermanas, contaba que recibían cartas periódicamente y algunos envíos de dinero para su madre, pero nunca tuvo ocasión de regresar, y que siempre se sintió agradecido al presidente Cárdenas que facilitó su acogida en México.

José es un emprendedor. Para mejorar su suerte, se declara especialista en reses bravas, solicitando trabajo como vaquero-ordeñador. Es enviado a Puebla, donde trabaja en la Vidriería de F. Pieno. De 1946 a 1953 busca su fortuna con un grupo musical y se traslada a México DF, donde comparte escenario con figuras de la época. Regresa a Puebla y emprende un floreciente negocio de productos españoles: jamón, queso, vinos… que comercializará en una tienda de ultramarinos.

No solo rehízo su vida laboral. Tres años después de su llegada se casa con Matilde Pesquera, hija de emigrantes españoles residentes en Puebla, a quienes sintió como su propia familia. Es Pilar, una de sus tres hijos, quien facilita estos datos, interrumpida en ocasiones para atender la elaboración de repostería -polvorones sevillanos-. Dulce labor cuando se piensa en la alimentación de su padre en los días de huida. Hubo una faceta que José no retomó; su activismo sindical. Concentrado en la supervivencia, necesitado de pasar página a recuerdos tan duros, no confesó a su familia su pasado, que conocieron, asombrados, una vez fallecido José en 1963, con 47 años. Nunca volvió a su tierra.