En Barcelona, Jovino había conocido a una refugiada donostiarra, Luisa Gurruchaga Larraza, a la que unió su vida, por lo que las siguientes etapas se recogen de modo conjunto para la familia.

La familia de Luisa era gente de mar. La abuela Celedonia Larraza, procedía de la villa marinera de Mutriku, hasta que por matrimonio pasa a vivir en el Paseo del muelle, en el puerto donostiarra. Celedonia atendía un puesto de venta de pescado; su marido Antonio Gurruchaga pasó de maquinista a patrón de un barco con el que se aventuraba a la pesca de bacalao en Terranova; los hijos Sebastián y Vicente eran parte de los 17 tripulantes del barco. Las prolongadas ausencias del marino hacían que el peso familiar recayese en la abuela Celedonia. Le sobraba carácter y corazón para ello. Vida laboriosa, rodeada del aprecio del vecindario del muelle. Luisa, más adelante esposa de Jovino, recordaba anécdotas de aquel tiempo feliz, cifradas en clave musical: la Tamborrada; las zarzuelas a las que la familia asistía para celebrar el regreso del mar del padre; el Boga, Boga que nunca olvidó en el exilio, y los tangos que su hermano Vicente ensayaba por los pasillos. No hubo día en que Luisa no evocara ese tiempo y maldijese las guerras que lo borraron.

 

El puerto de Donosti

El puerto de Donosti