Los senderos de la gaulana, rutas a la frontera

El desconcierto de los militares ante la masiva fuga les llevó a especular con que – intermediados por mujeres que los visitaban-, los fugados contaban con la ayuda de refugiados republicanos en los Aldudes para alcanzar la frontera, ya que el accidentado recorrido de 50 km requiere conocimiento del terreno.

¿Quiénes podían haber sido esos guías que habrían podido conducirles a la muga en cuestión de horas, si realmente hubiesen contado con ese apoyo exterior?: Gentes expertas en andar de noche, que hacían ese recorrido con la misma pretensión de marchar sin ser vistos: los mugalaris, contrabandistas que cubrían las sendas de la gaulana.

Memoria de senderos que llevaban a las bordas y pastos de altura progresivamente abandonados, a las carboneras a las que hoy solo identifica su forzada planicie en medio de laderas imposibles, o que comunicaban los valles y hoy se cubren de matorral. El paso de ganado, mercancías de estraperlo, y también de gentes. Fugitivos políticos en una época, emigrantes económicos en otra.

Centenarias rutas del contrabando, como describe J.A. Perales: “Hacerse contrabandista en la parte oceánica del Pirineo Occidental, implicaba hasta hace pocos años iniciarse en una serie de conocimientos que hoy nos resultan chocantes a los poseedores de la cultura propia de las sociedades posindustriales. Trabajar de noche en un espacio encantado, azotado por las tempestades del océano Atlántico y barrido por el viento sur que sube  por las llanuras de España, andar sin ver (“como los raposos”) por sendas o caminos viejos, oler a distancia a la guardia civil, medir el espacio en tiempo en lugar de en kilómetros, y codificar el territorio fronterizo mediante narraciones y leyendas mágicas asociadas a determinados lugares del entorno húmedo y neblinoso del Pirineo Occidental, eran tareas y capacidades desarrolladas por los contrabandistas de la zona fronteriza”. Memoria viva de gentes y de conocimientos que se extingue con ellos.

Senderos múltiples que en este tramo de frontera, terminaban –o empezaban- en los Aldudes, y una contradictoria relación entre contrabandistas y vigilantes. En unos casos de complicidad; en otros, buscando sortear su control en la caseta de Esnezelaieta, entre el collado de Urkiaga y el monte Adi, que cortaba el acceso desde Esteribar, como comentan en la borda Chalot de Eugi, similar a la de J.A.Goñi en Zilbeti. Las parejas que prestaban en turnos de 72 horas el Servicio de correrías –“recorrer los caminos, registrar los montes y bosques, visitar las casas de campo y perseguir a cualquier desconocido”, según Circular de 1853-, buscaban el refugio de las bordas habitadas en las noches invernales, donde no faltaba el talo o un tazón de leche.

Aunque desaparecido como Cuerpo en 1940, pagando su mayoritaria lealtad a la legalidad, han perdurado en la toponimia local, en rincones de la montaña que recuerdan a sus primigenios titulares en las casetas de carabineros de Urruska, Lindus, Mendilatz…, hoy derruidas.

Muestra de esa lealtad republicana la ofrece el goteo de carabineros presos en el Fuerte, entre ellos Isidro López, quien participa en la fuga y muere, o como  el sargento del puesto de Eugi, Eugenio Benedid Osta (Valcarlos n.1894), quien se pasó al bando gubernamental y participó en la defensa de Bilbao con el batallón Casero. Evita caer prisionero en Santoña, y por monte y atravesando las líneas enemigas se encamina hacia Francia en compañía de otro carabinero, Benigno Simón Linzoain. Son sorprendidos y tiroteados en el pueblo navarro de Latasa, pero el 7 de septiembre, gracias a su conocimiento de la zona cruzan la frontera por Kinto, por la muga 132. Cae prisionero en Catalunya con el fin de la guerra, es condenado en 1939 por el delito de traición. El comandante del puesto de la G.Civil en Eugi, Julián Encabo, inmisericorde perseguidor de los fugados del fuerte, declaró que Benedid “era amigo de contrabandistas y admirador del maldito Frente Popular, repartiendo su propaganda por bordas y pueblos en febrero de 1936” (Sumario 4228/1939). Su hermano, Marcelino Benedid, fue detenido en febrero de 1938 en relación a la desarticulación de una red de paso clandestino de la frontera, vinculada al Socorro Rojo. Ambos hermanos se reencontraron en 1939 en la cárcel provincial de Pamplona.

Rutas a la muga

Es una quimera reconstruir los caminos precisos que tomaron los fugados.

La fidelidad a la información conocida por los informes oficiales, declaraciones de los capturados, testimonios locales y ubicación de las fosas localizadas, lleva a proponer un recorrido que bajando por la ladera norte del monte Ezkaba se adentre por Nagiz para bajar hacia Sorauren y Olabe. Requiere solventar una dificultad natural, el vadeo de los ríos Ultzama y Arga. De ahí hay un salto hasta Zilbeti-Sorogain-Lindus, zona que recorrieron los últimos resistentes para cruzar la frontera.

Cualquier variante requiere una andada no inferior a cincuenta kilómetros. Sobre el terreno queda señalizada desde 2018 una propuesta, el sendero de Gran Recorrido o GR 225 “La fuga de Ezcaba -1938- Ezkabako Ihesa”. Impulsado por el Gobierno de Navarra -quien lo ha declarado Lugar de Memoria-, con la aprobación de la Federación de Montaña, rememora los hechos, y une el fuerte de Ezkaba con Urepel, donde llegó Jovino Fernández tras cruzar la muga.