Los senderos de la gaulana, rutas a la frontera

Contrabandistas y gaulana

El desconcierto de los militares ante la masiva fuga les llevó a especular con que – intermediados por mujeres que los visitaban-, contaban con la ayuda de refugiados republicanos en los Aldudes. A su vez, alcanzar la frontera y ese valle desde el fuerte, un accidentado recorrido de 50 km, requiere conocimiento del terreno.

¿Quiénes podían haber sido esos guías que habrían podido conducirles a la muga en cuestión de horas, si realmente hubiesen contado con ese apoyo exterior?: Gentes expertas en andar de noche, que hacían ese recorrido con la misma pretensión de marchar sin ser vistos: los mugalaris, contrabandistas que cubrían los senderos de la gaulana.

Memoria de senderos que llevaban a las bordas y pastos de altura progresivamente abandonados, a las carboneras a las que hoy solo identifica su forzada planicie en medio de laderas imposibles, o que comunicaban los valles y hoy se cubren de matorral. El paso de ganado, mercancías de estraperlo, y también de gentes. Fugitivos políticos en una época, emigrantes económicos en otra. Senderos múltiples para eludir vigilancias, que en este tramo de frontera, terminaban –o empezaban- en los Aldudes.

En la borda Chalot de Eugi comentan la contradictoria relación con carabineros y guardias. En unos casos de complicidad; en otros, buscando sortear su control en la caseta de Esnezelaieta, entre el collado de Urkiaga y el monte Adi, que cortaba el acceso desde Esteribar. Las mismas parejas que prestaban el servicio de correrías, de 72 horas, encontraban refugio en la borda las noches invernales, a salvo de la nieve y el frío, y donde no faltaba el talo o un tazón de leche. Aunque desaparecido como Cuerpo en 1940, pagando su mayoritaria lealtad a la legalidad republicana, han perdurado en la toponimia local, en rincones de la montaña que recuerdan a sus primigenios titulares en las casetas de carabineros de Urruska, Lindus, Mendilatz…, hoy derruidas.

Una muestra la ofrece el sargento del puesto de Eugi, Eugenio Benedid Osta (Valcarlos n.1894), quien se pasó al bando republicano y participó en la defensa de Bilbao con el batallón Casero. Evita caer prisionero en Santoña, y por monte y atravesando las líneas enemigas se encamina hacia Francia en compañía de otro carabinero, Benigno Simón Linzoain. Son sorprendidos y tiroteados en el pueblo navarro de Latasa, pero el 7 de septiembre, gracias a su conocimiento de la zona cruzan la frontera por Kinto, por la muga 132.  Cae prisionero en Catalunya con el fin de la guerra, es condenado en 1939 por el delito de traición y recluido en la cárcel de Pamplona. El comandante de la G.Civil en Eugi, Julián Encabo, inmisericorde perseguidor de los fugados del fuerte, declaró que Benedid “era amigo de contrabandistas y admirador del maldito Frente Popular, repartiendo su propaganda por bordas y pueblos en febrero de 1936” (Sumario 4228 de 1939).

Centenarias y múltiples rutas del contrabando, como describe J.A. Perales: “Hacerse contrabandista en la parte oceánica del Pirineo Occidental, implicaba hasta hace pocos años iniciarse en una serie de conocimientos que hoy nos resultan chocantes a los poseedores de la cultura propia de las sociedades posindustriales. Trabajar de noche en un espacio encantado, azotado por las tempestades del océano Atlántico y barrido por el viento sur que sube  por las llanuras de España, andar sin ver (“como los raposos”) por sendas o caminos viejos, oler a distancia a la guardia civil, medir el espacio en tiempo en lugar de en kilómetros, y codificar el territorio fronterizo mediante narraciones y leyendas mágicas asociadas a determinados lugares del entorno húmedo y neblinoso del Pirineo Occidental, eran tareas y capacidades desarrolladas por los contrabandistas de la zona fronteriza. El acceso a estos conocimientos se realizaba de una manera ritual, mediante el ingreso en la sociedad secreta de contrabando”. Memoria viva de gentes y de conocimientos que se extingue con ellos.

Rutas a la muga

Es una quimera reconstruir los caminos precisos que tomaron los fugados.

La fidelidad a la información conocida lleva a proponer un recorrido que bajando por la ladera norte del monte Ezkaba se adentre por Nagiz para bajar hacia Sorauren y Olabe, donde fueron capturados/ ejecutados en un considerable número. Requiere solventar una dificultad natural, el vadeo de los ríos Ultzama y Arga. De ahí hay un salto hasta Kinto-Sorogain-Lindus, zona que pudieron recorrer los fugados documentados antes de cruzar la frontera. Cualquier variante requiere una andada no inferior a cincuenta kilómetros.

Sobre el terreno queda señalizada una propuesta, el sendero de Gran Recorrido o GR 225 “La fuga de Ezcaba -1938- Ezkabako Ihesa”. Impulsada por la sección de Memoria Histórica del gobierno de Navarra, con la aprobación de la Federación de Montaña. Sendero o GR que rememora los hechos, y une el fuerte de Ezkaba con Urepel, donde llegó Jovino Fernández tras cruzar la muga.