Los olvidados

Fugados muertos en sus localidades de origen

Inscritos en su localidad natal: Valeriano Álvarez en Alcalá la Real (inscrito en 1945); Agustín Ayuso en Quintanar de la Sierra (1943); Tomás Cárcamo en Santo Domingo de la Calzada (1942); Leoncio De la Fuente en Fresno el Viejo (1942); Aurelio Villa, en San Andrés de Rabanedo (1945); Andrés Zudaire en Azagra (1941); y Vicente San Martín en Pamplona (1940).

Lugar de entierro de los fugados capturados y fallecidos en el fuerte

Los Registros civiles de la antigua Cendea de Ansoain y Pamplona sirven para determinar los cementerios donde fueron enterrados algunos de los 46 fugados capturados que murieron en el fuerte, pero que no constan en la lista oficial de muertos en el penal.

Aquellos que murieron entre 1942 y 1945, mayormente de tuberculosis, fueron enterrados en el llamado cementerio de las botellas. Cuando algunos concejos protestan porque la alta mortandad de reclusos satura sus cementerios, se construye el cementerio anejo al penal, que recibe ese nombre, pues junto a los cuerpos se entierra una botella con un papel indicativo de su identificación -que no siempre se ha conservado por efecto del  tiempo-:

  • Nemesio Villán Díez: 12-9-1942. Cementerio del fuerte
  • Alfonso Rodríguez González: 3-10-1942. Cementerio del fuerte
  • José Antúnez Vázquez: 21-10-1942. Cementerio del fuerte
  • Félix Martín Pascual: 1-11-1942. Cementerio del fuerte
  • Luis Cardaba Benito: 19-2-1943. Registro Civil de Ansoain (RCA). Cementerio del fuerte
  • Luis Cubo Fernández: 26-9-1942. RCA. Cementerio del fuerte
  • Félix Llamas Calleja: 19-9-1942. RCA. Cementerio del fuerte
  • Juan Montero Sanz: 23-6-1942. RCA. Cementerio del fuerte
  • Modesto Pastor Herrero: 16-6-1942. RCA. Cementerio del fuerte
  • Benito Pastoriza Cela: 2-6-1943. RCA. Cementerio del fuerte
  • Rufino Pérez Diez: 25-10-1941. RCA. Cementerio de Elcarte
  • José Silva Ferreira: 1-3-1940. RCA. Cementerio de Oteiza
  • Gregorio Pindado Domínguez: 11-5-1939. Murió en el hospital de Pamplona y enterrado en el cementerio de esa localidad. RC Pamplona
  • Bienvenido Piquero Herranz: 13-5-1941. Paradero desconocido.

Nemesio Villán, Alfonso Rodríguez, José Antúnez y Félix Martín llegaron a salir en prisión atenuada entre 1940 y 1941 y reingresaron en el Fuerte el  26 de enero de 1942, para morir allí ese mismo año.

Desde 2007, la Sociedad de Ciencias Aranzadi, con la decidida colaboración de la asociación Txinparta ha llevado a cabo 45 exhumaciones, del total de 131 sepulturas, para entregar sus restos a los familiares.

Relación de 24 cuerpos no identificados (Informe G.C. 15 junio 1938)

1. Ya en el primer caso, de Abundio Carrasco se dice: “Se le dio por muerto el día 24 de mayo y como este individuo no llegó a fugarse, su nombre lo dió otro al ser detenido, que más tarde resultó muerto al intentar huir”.
2. Suicidado ahorcado el día 24 en Ostiz -resulta inverosímil que un preso se fugue para suicidarse-. Unos 30 años, altura regular y pelo castaño. Cicatriz encima de la ceja izquierda. Parece corresponder a Luis Horas, según cita Josu Landa. Respecto a la cicatriz hay que recordar que había sido boxeador en Luchana.
3 y 4. El capturado Carlos López declara que la noche del 23, al atravesar el río Ultzama, tres compañeros suyos se ahogaron. Uno fue localizado e identificado: Urbano Huertas.
5. Enterrado el 24 en los montes de Sorauren. De unos 35 años, rubio, 1,66m, chato.
6. J. Fernández -dato falso-. Enterrado en monte de Anocibar. Unos 46 años.
7. Nombre falso. Enterrado el 24 en montes de Olave. Unos 42 años.
8. Nombre falso. Dijo ser de Ribadavia, lo que no coincide con ninguno de la lista de muertos no recuperados. Enterrado el 24 en montes de Olave.
9. Nombre falso, y de ¿Mofera? Enterrado en monte de Olague.  25 años.
10. Enterrado el 24 en monte de Ostiz. De unos 45 años, estatura regular.
11. Enterrado el 26 en monte de Endériz. Dio el nombre de Jose Lorda, pero se encontraron en su cadáver documentos argentinos  y notas dirigidas a un abogado de Pamplona de ese nombre, vice-cónsul de Argentina (los dos fugados argentinos fueron capturados vivos).
12. Enterrado el 26 en monte de Burutain (Anue).
13. Nombre falso. Enterrado el 26 en monte de Egozcue.
14, 15 y 16. Nombres falsos. Enterrados en monte de Olave.
17. Nombre falso. Enterrado el 26 en Olave.
18. Nombre falso. Enterrado el 26 en Olaibar. Cita que es de Eusa, Soria, que no existe allí, pero sí en la ruta del fuerte hacia el valle de Olaibar.
19 y 20. Nombres falsos. Enterrados el 28 en Elcarte.
21. Nombre falso. Enterrado el 27 en Orrio (Ezcabarte).
22. No identificado. Enterrado en Burutain. Dijo ser asturiano y llevaba zapatos tomados de otro fugado muerto en el monte.
23. No identificado.
24. No identificado. Dijo que en el monte de Olague había quedado otro con un tiro en el vientre, al que se supone muerto.

Listado de los 19 fugados muertos no identificados, declarados en rebeldía

(Boletín Oficial de Navarra de 29 de julio de 1938)

Nº Registro Apellidos y Nombre Lugar de nacimiento, edad y altura
2315 Allo Sabor, Juan O Grove, Pontevedra, 24 años, 1,68 m.
1633 Bercial Garzón, Demetrio Nava de la Asunción, Segovia, 27, 1,60 m.
2388 De la Iglesia Sánchez, Evaristo Ourense, 22 años, 1,79 m.
549 Del Amo García, Fermín La Unión, Valladolid, 33 años, 1,60 m.
1064 Del Río San José, Simón Villlalba de Alcores. Valladolid. 26 años. 1,74 m
2490 Garijo Hoson, Miguel (*) Elgoibar, Guipúzcoa, 44 años, 1,62 m.
1432 Garmendia Iriondo, José Ondárroa, Guipúzcoa, 45 años, 1,74 m.
1280 González Borrego, Francisco Salamanca, 26 años, 1,61 m.
372 Iglesias López, Gregorio Medina Campo, Valladolid, 40 años, 1,66 m.
2664 Lahera López, Jorge Santa Cruz, Toledo, 22 años, 1,68 m.
2304 Limeres Campos, Secundino Arcos, Pontevedra, 25 años, 1,61 m.
1705 López Santos, Domiciano Castrejón, Valladolid, 40 años, 1,66 m.
573 Muñoz González, Manuel Salamanca, 22 años, 1,62 m.
1018 Paredes Menéndez, Benito Avilés, Asturias, 21 años, 1,715 m.
2100 Pedrosa Prado, Ceferino Sahagún, León, 31 años, 1,65 m.
1134 Rey Urcera, Manuel Villagarc. de Arosa, Pontevedra, 24 años, 1,56 m.
1013 del Román Méndez, Julio Valladolid, 21 años, 1,63 m.
2513 Sancho Sancho, Paulino Carbonero el Mayor, Segovia, 32 años, 1,64 m.
1518 Villar Cimadevilla, Enrique Cruces, Pontevedra, 30 años, 1,70 m.

(*) El nombre correcto es Miguel Garijo Hoson, (no Olson), ferroviario, nacido en Elgoibar el 6 de julio de 1893, por lo que tenía 45 años cuando fue ejecutado en la huida de mayo de 1938. Era hijo de Paulino Garijo y de Helena Hoson Lebec. Residente en Bilbao.

La familia Mainz Landa, de Vidángoz/Bidankoze

La familia Mainz, de casa Landa en Vidángoz, pertenecía a la minoría de izquierdas en una población conservadora. Con motivo del golpe militar de 1936, los tres hijos, Vicente, Enrique y Marina sufrieron represalias.

Vicente Mainz Landa

Vicente Mainz Landa

Vicente Mainz Landa, nacido en abril de 1907, era electricista-molinero en la Sociedad Molino-harinera de Vidángoz, donde tanto se molía grano como se generaba electricidad para alumbrado. De carácter emprendedor, había estudiado electricidad por correspondencia. Afiliado a UGT, escribe en su periódico Trabajadores en noviembre de 1931, acude a los mítines en el valle y vivió un conflicto laboral con la Sociedad Molinera en 1933. En octubre de 1934 había tenido que escapar a Francia, regresando con el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. Es detenido en los primeros días del golpe de julio, acusado de tener una pistola y de ser propagandista sindical, así como de estar relacionado con la Casa del pueblo de Madrid y otros elementos de Rusia y Francia. Condenado a treinta años por rebelión militar en la causa 95-936, es conducido al fuerte el 8 de agosto, de donde saldrá como partícipe en la fuga de mayo de 1938, que le cuesta la vida a sus 31 años.

En la evasión, en Elía, valle de Egüés, tres fugados son capturados y ejecutados. Uno de ellos, Vicente, camino de su pueblo. La dirección de su ruta de huida, seguida por contados fugados, se dirige hacia lo conocido, el valle de Roncal, del mismo modo que Felipe Celay cuando escapa del fuerte en 1944 con Jacinto Ochoa toma similar dirección hacia su pueblo, Abaurrea, para encontrar apoyo y cruzar la muga.

La familia nunca fue notificada de su muerte y circunstancias. Crisanto Mainz Glaría declara en junio de 1939, dentro del Expediente de Responsabilidades Políticas que se seguía desde 1937 contra su hijo Vicente, “que hasta la fuga escribía con bastante frecuencia, pero a partir de dicha evasión carece de noticias por lo que ignora en absoluto su paradero”. Tuvieron constancia de su presencia en el fuerte por un vecino de Garde que llevaba suministros al fuerte y que más tarde comunicó que después de la fuga ya no estaba.

Posteriormente, un sacerdote natural de Vidángoz, Justo Jimeno, quien estuvo de párroco en Ibiricu, les hizo llegar que Vicente estaba enterrado en Elía, según le habían contado en su parroquia. Otro testimonio lo ratifica: en 1985, una vecina de Elía, Eulalia Ornaz, se entrevistó con Marina Mainz, para desvelarle que su hermano Vicente está enterrado en ese mismo pueblo, que ella visitaba con motivo de la boda de su hijo con una lugareña.

No fue Vicente el único detenido por la benemérita de Roncal. El 27 de agosto de 1936 es apresado su hermano Enrique, igualmente de UGT, nacido en 1910. El expediente de Responsabilidades Políticas abierto contra ambos en octubre de 1937 –sobreseído en 1944 por carecer de bienes- señala que detenido Enrique fue conducido a Pamplona, donde más tarde fue puesto en libertad por el gobernador militar. Ya no pasó por su casa. Dejó una nota en la borda familiar en Azaltegia y cruzó a Francia para eludir su alistamiento forzoso. El expediente cita que fijó su residencia en Mauleón/ Maule y su muerte posterior en el frente de guerra catalán. Su sobrino Vicente B. M. precisa que fue en 1937 y en el frente de Bilbao, según testimonios que llegaron a su familia.

Marina no se libró del acoso a la familia, fue vejada (corte de pelo, ricino…) y multada en agosto de 1938 con 24 pesetas por viajar sin salvoconducto, tal y como publicaba el Diario de Navarra de 31 de agosto de 1938 (tomado de la revista local Bidankozarte, verano de 2013). El irrespirable ambiente del pueblo hizo que abandonase la localidad, para regresar a casa de los padres años después.

El fugado José Garmendia Iriondo

Nacido en Ondarroa en 1892, casado y con seis hijos, dedicado al transporte con sus ahorros como pastor en EEUU –en el fuerte figura como chófer-, es arbitrariamente detenido, acusado y condenado en Donostia el 12 de mayo de 1937 a treinta años de cárcel. Es trasladado desde la cárcel de Ondarreta al fuerte el 9 de julio, con 45 años. Era alto, 1,74m, y corpulento.

Se ve involucrado en la fuga, pasando la primera noche a la intemperie y al día siguiente, dudando de sus posibilidades, decide entregarse a dos GC, siendo conducido en una camioneta a la cercana cárcel de Villava. Un grupo de matones que colaboraban con el operativo de captura, de filiación requeté, lo sacan de las dependencias al día siguiente y lo conducen a Ibero. Previamente, a instancias del taxista que los acompaña, es confesado por el párroco de Ororbia, Norberto Echavarne,  que estaba prestando sus servicios en el convento de Las Hijas de la Cruz, hoy derruido, en el carretil hacia Ibero, lo que implica que los hechos se desarrollaron a la luz del día

Más adelante, un religioso organista de Pamplona, Segundo Egaña, notifica a una hermana del ejecutado su muerte, y esta a la viuda, Trinidad Eguía, que se desplaza a Pamplona y Ororbia donde contacta con el taxista que trasladó a la siniestra comitiva, quien le detalla los hechos e incluso señala desde su casa a un grupo de mujeres familiares de los matones.

El párroco de Ibero, a instancias de la viuda, certificará en 1941 que fue fusilado el 24 de mayo y enterrado junto a la orilla del río Arga, con lo que podrá llevar a cabo la inscripción tardía de su defunción, de fecha 26 de junio de 1941 en el juzgado de Markina. La viuda coloca en el lugar, junto a la fosa, una herradura en uno de los chopos ribereños, pero cuando regresa posteriormente los árboles han sido cortados y se desorienta respecto a la ubicación.

En esa zona de Ibero, el alto de las Tres Cruces, hubo un considerable número de ejecutados. Las exhumaciones llevadas a cabo en diciembre de 2015, son complementarias a las realizadas por familiares en 1978. El lugar muestra la complicidad entre matones falangistas y carlistas, a la hora de compartir ese espacio para sus crímenes.

Hay un antecedente sobre el trayecto que hizo José Garmendia: Esteban Muñoz Oset, fue detenido en Villava y encarcelado tras el golpe de julio de 1936 por su vinculación a la Casa del Pueblo. Sale de prisión por mediación del párroco de S. Nicolás, pariente suyo. Se refugia en casa de una hermana en Pamplona, pero el 4 de septiembre es detenido nuevamente por tres vecinos de Villava: Ananías Fernández, jefe local de Falange; Marcos Olóriz y Antonio Asensio, falangistas, que lo trasladan a Ororbia, donde después de confesado por el mismo párroco Echavarne es ejecutado, como lo cuentan Peio Monteano y Jesús Balduz.

Fernando Mikelarena en Sin piedad. Limpieza política en Navarra 1936, a partir de testimonios recogidos por Jimeno Jurío, abre el abanico de matones en Las Tres Cruces, a falangistas, y a requetés al servicio de la Junta Carlista de Guerra en Navarra.

El sumario 775 de 1936 sobre la tentativa de fuga de julio de 1936, depara una nueva confirmación –esta vez judicial- sobre el frecuente uso criminal de este lugar. Astruch, aún cojeando por la caída en el momento de saltar al foso, logra llegar a Ainzoain, llamando a la puerta del cura  Domingo Jauregui y de dos vecinos. Sale a la carretera, donde un coche con tres falangistas lo detiene y lo traslada a las oficinas de Falange en Pamplona, donde topa con Gregorio Apesteguía, quien siguiendo su despiadada rutina, lo traslada a Ororbia, donde el capellán del Asilo, José Pérez de Obanos, lo confiesa antes de ser conducido al alto de Ibero. Allí de rodillas, implora que si le perdonaban la vida haría importantes declaraciones sobre una conspiración que se preparaba en el fuerte para tomar el penal, apoderarse de las armas y marchar contra Pamplona, por lo que los pistoleros deciden entregarlo al gobierno militar, donde declara esta fábula, pero con ella queda encerrado en la prisión provincial y salva la vida. El fiscal del caso tilda la historia como fruto de una imaginación calenturienta, en un momento en que creyéndose que lo iban a fusilar, busca la sensacionalidad para escapar al inminente castigo. Pero muestra que eran sabedores de la comisión de esos crímenes.