Los carceleros

Cuando al atardecer del domingo 22 de mayo de 1938, cientos de presos republicanos recluidos en el penal de San Cristóbal, en el monte Ezkaba, junto a Pamplona, emprenden una masiva fuga, el estupor se apodera de los militares golpistas.

¿Cómo ha podido pasar y cómo en Pamplona, ciudad puntal del levantamiento?

El libro La gran Fuga se centra en los protagonistas de la misma, que fueron objeto de dos procedimientos. El sumarísimo 1916/38, contra los promotores de la sublevación,  que concluye con el fusilamiento de catorce encausados el 8 de agosto de 1938, y el sumarísimo 1917/38, que actúa contra el resto de los penados, quienes aprovechando la algarabía, se limitaron a evadirse, tramitado a continuación.

Paralelamente, los militares buscan una explicación a los fallos de control que han permitido la evasión. Se abre expediente, el 1915/38, contra la dirección del penal, funcionarios de prisiones y su guarnición, para depurar sus responsabilidades. Los principales encausados son el director Alfonso Rojas; el administrador, Manuel Muñoz, y el jefe del destacamento militar, alférez Manuel Cabezas.

El juez instructor, coronel Manuel Suárez, realiza un exhaustivo interrogatorio a la guarnición y personas relacionadas con el caso, llegando a la convicción de que la raíz del amotinamiento y fuga fue el maltrato e inanición a la que se sometía a la población reclusa. Sus causantes: la extrema avaricia del administrador, mediante la sustracción de fondos para alimentos y medicinas; precios abusivos del economato, y otras fuentes de lucro, como el uso de presos ebanistas y materiales del fuerte, para hacer muebles que traslada a su domicilio para su venta. Todo ello, con la complicidad del director, con quien reparte el botín, cifrado en 4000 pesetas mensuales.

La Diputación Foral de Navarra colaboró con sus medios. El 27 de mayo, presidida por el carlista Juan Pedro Arraiza, da cuenta que, a petición del instructor de los sumarios de la evasión, los empleados D. Victorino Arraiza y D. Ángel Guerrero, han sido designados para prestar servicios en la Fortaleza de San Cristóbal. El ingente papeleo de los sumarios desbordaba a la intendencia militar.