La versión oficial justificó la mortandad de los fugados “en su resistencia a ser capturados; por desobedecer las intimidaciones de la fuerza pública o hacer armas contra ella”. Esta tesis encontró quien la escribiese en el general Salas Larrazábal, que en su texto sobre los fusilados de Navarra dedica un capítulo a esta fuga.

El sumario 1915/38 puso de manifiesto que fue la desesperación causada por el hambre y la mortandad por tuberculosis lo que llevó a la mayoría a sumarse a la intentona, argumento al que el general no dedica una palabra. Subraya la fatalidad de los hechos, la temeridad de la intentona, y que los muertos lo fueron por ambos bandos, producto de los combates entablados durante su busca y captura.

El primera duda sobre la veracidad de su tesis reside en la cifra de fallecidos entre los perseguidores, que amplia arbitrariamente conforme avanza su texto (*). Partiendo de ese desvaído balance, nos ceñirenos a la fuente reconocida como válida por el general, el Registro civil, dado que a su juicio, todos los muertos quedaron inscritos

Dos son los casos de víctimas entre los perseguidores en los que da detalle.

La primera, figura inscrita en el Registro civil de Esteribar: Isidro López García, carabinero de Soria, fallecido en Eugi el 28 de mayo. Sin embargo, Isidro fue condenado a 30 años de reclusión que cumplía en el fuerte por su lealtad a la República, y es uno de los 206 fugados muertos.

En el siguiente caso, en su afán de sumar caídos del bando perseguidor, confluyen en una misma persona dos de los imprecisos casos dados por el general: un soldado muerto en Agorreta el 25 de mayo y uno de los civiles muertos, natural del valle de Elorz. Ambos convergen en una sola víctima, Vicente San Martín Urroz.

¿Qué hay de cierto sobre tan disputado fallecido?

Aunque Vicente consta en el sumario como natural de Pamplona, donde residía, nació en Ezperun, valle de Elorz, en 1915. Condenado con 21 años en Consejo de Guerra a reclusión perpetua, no solo fue fugado, sino organizador. Fusilado en Agalde (Saigots), fue inscrito como fallecido en Agorreta el 25 de mayo.

Vicente, como el carabinero Isidro López, es presentado como asesinado por los fugados. Los vencedores no solo les quitan la vida. También pretenden suplantar sus ideales.

El general tampoco pudo encontrar apoyo entre los suyos.

Los responsables de la persecución, del gobernador militar de Navarra al jefe del batallón 331; del jefe de Carabineros de Navarra al de la Guardia Civil informan de esporádicos cruces de disparos por los fugados, pero a excepción del centinela muerto -que citan- añaden: “sin bajas por nuestra parte”.

No solo en estos informes. En los sumarios, se recoge profusamente la muerte del centinela, -que sirve de acusación colectiva para el fusilamiento de catorce de los capturados en agosto-, pero ninguna otra muerte.

El Fondo Lizarza, sobre la participación carlista en la Cruzada, incorpora la relación de soldados muertos en el Tercio Roncesvalles-Fronteras, responsable de la vigilancia de la zona y que intervino en el operativo de persecución. Ninguno coincide, ni en nombres ni fechas, con los datos del general Salas.

La única baja constatada es la del centinela que intentó dar la alarma. Fuente tan autorizada como los catorce condenados y en la noche previa a su ejecución, proclamaron que la intención era evitar toda muerte; y que el soldado fue golpeado al poner en peligro el éxito de la revuelta. Las declaraciones en el sumario 1915/38 de los nueve Hermanos de la Paz y Caridad; la del alférez Jacobo Sales, al mando de la Prisión Provincial esa noche; la del alférez Gabino Eguizabal, defensor del condenado Daniel Elorza, y la del médico Joaquín Ariz, quienes compartieron esa última noche con los condenados, lo confirman: tuvieron a todos los guardianes a su disposición, incluido el jefe de la guarnición, y no fueron maltratados.

El citado jefe de la guarnición, en su declaración sumarial exculpa a los sublevados de su intención de causar daño: “…terciaron otros hombres armados proponiendo que nada de sangre, que él era prisionero y se lo llevaron”.

El desigual balance, un centinela frente a 206 fugados, empuja al general a transcribir alegatos de los generales Mola o Yagüe prohibiendo actos de violencia, crímenes o excesos contra los detenidos, más allá del enfrentamiento en los campos de batalla. La biografía de los citados les resta el crédito que el general les concede.

La refutación de las tesis del general no es novedad. Ya fue llevada a cabo por Jimeno Jurío hace décadas. Ahora queda particularizada en el capítulo de la fuga.

La realidad de los hechos quedó como una versión proscrita.

Hubo disparos puntuales por parte de algunos de los fugados -solo uno de cada diez pudieron ir armados-, gentes resueltas y que defendían su vida en la huida. Pero frente a la versión de enfrentamiento entre dos grupos combatientes, se levanta otra más consistente y es que hubo víctimas y victimarios; una masacre de fugados, que pagaban así haber ridiculizado a los militares y en respuesta fueron cazados como alimañas:

Consul Hendaia, A. Múgica

 

  • El juzgado de Cotobad (Pontevedra), de donde era originario Atilano Godoy, inscribe sin recato: “Falleció en Juslapeña-Nabarra el 25 de mayo de 1938 – Fusilado”. Lo mismo sucede con Valeriano Álvarez en Alcalá la Real: “Fusilado”. El fiscal militar, en la declaración de B. Rabanillo el día 24, ya anota al fugado L. Pico como “fusilado”. El párroco de Ibero certifica en 1941 que el fugado José Garmendia fue fusilado y enterrado en Ibero el 24 de mayo de 1938.

Atilano Godoy en Registro de Cotobad

Atilano Godoy en Registro de Cotobad

Atilano Godoy en Esteribar

Atilano Godoy en Esteribar

Acta de defunción oficial de Leopoldo Picó

Acta de defunción oficial de Leopoldo Picó

  • La documentación del consulado republicano en Hendaya recoge testimonios de soldados que participaron en la persecución y que a lo largo del verano de 1938, desertan, cruzan la frontera y acuden allí a prestar declaración. Informan sobre el despliegue de tropas y cómo vivieron las órdenes de disparar recibidas, que hacen concluir al cónsul, Antonio Múgica, en informe de 3 de junio: “existe pesimismo en cuanto a los fugitivos, existiendo órdenes entre la fuerza rebelde de no conceder cuartel”.
  • Los numerosos testimonios del vecindario de los valles, testigos presenciales que detallan capturas y fusilamientos de los ya capturados y desarmados.