La dificultad de cotejar la versión del levantamiento falangista, el férreo control informativo y la ambigüedad de la nota oficial franquista alimentaron las especulaciones sobre la evasión y su significado en el bando republicano, que abrazó la teoría del motín falangista contra Franco. Todos los medios participaron en una intoxicación que difuminó tanto la fuga, como la subsiguiente mortandad de fugitivos.

El bando republicano, abrumado por otras urgencias -en política internacional, con un nazismo rampante; y en los frentes bélicos, el curso de la ofensiva en el Ebro-, no se molestó en corregir su versión anterior. La heroica fuga quedó enmudecida, víctima de la manipulación. Y sin embargo, contaban con elementos para conocer la verdad por la presencia de los tres fugados que llegan a Francia, quienes proclaman su pertenencia a UGT y CNT, y son interrogados por el cónsul republicano en Hendaya, y posteriormente en Barcelona por responsables de los servicios de información, SIDE.

También la documentación del gobierno republicano que se conserva en el Archivo de Barcelona del AMAEC muestra que se indagó sobre determinados presos republicanos, para conocer su presencia en la fuga:

  • El 26 de mayo, el consulado de Hendaya recibe un telegrama procedente del Consejo de Ministros, atendiendo a una petición del general Miaja, jefe de la Junta de Defensa de Madrid, preguntando si entre los escapados se encuentra su hijo, teniente, de cuya captura el Pensamiento Navarro de 18-9-1936 hizo portada. El Socialista, a pesar de relacionar fuga y falangistas, se preguntaba el 25 de mayo: ¿Figura entre ellos un hijo del general Miaja?
  • Nuevamente en junio, reciben otra carta interesándose por si entre los evadidos figuraba el leonés Enrique Álvarez, quien sí estaba preso en el fuerte, pero no participó en la evasión.
  • En el mismo archivo, una carta del subsecretario del ministerio de Estado al ministro de la Gobernación, Paulino Gómez, le trasmite una información del embajador en París, exponiendo que “los 1110 que se habían evadido hace una semana, han sido hechos prisioneros o muertos, quedando solamente unos treinta refugiados en un bosque a 20 km de la frontera, ninguno de los cuales ha podido entrar en Francia”. “En vista de ello se ha suspendido la gestión y no le remito las listas ofrecidas”. Quizá tratando de constatar la presencia de otros relevantes prisioneros republicanos.

Un dato difícil de medir sobre este desconcierto informativo es la influencia que pudo tener el relevo, en junio de 1938, de los cónsules de Hendaya y Bayona, Antonio Múgica y Pedro Lecuona.

Tan solo se vislumbró una autocrítica en La Vanguardia de 25 de agosto, al reconocer que atribuir a Yagüe un liderazgo falangista contra Franco había sido muy optimista. Corrigen su posición y dicen que la evasión había sido “solo una fuga de presos”. En Barcelona recalaron los tres fugados que pasaron a Francia, siendo entrevistados en prensa y radio, lo que habría determinado esa matización.

En el bando franquista, una Orden de la G.C. de 17 de junio cita que son dos los evadidos que lograron pasar a Francia, sin detallar sus nombres. Todavía no sabían de Jovino. Con esa fecha se publica la segunda nota oficial. También los carceleros del fuerte reaccionaron a la noticia, tratando de evitar que el logro de los escapados elevase la moral de los capturados y del resto de presos. Las órdenes del director en este sentido se suceden. Una circular del 6 de junio suspende las comunicaciones con el exterior; otra del 13 de junio prohíbe la entrada de lecturas y la del 23 de julio de 1938 “prohíbe rigurosamente la comunicación postal de los reclusos con el extranjero, así como la recepción  y entrega a los penados de las cartas que provengan de otras naciones.”

La restitución a los presos republicanos de esta gesta no tuvo que esperar a la democracia. El Eusko Deya de julio-agosto de 1963, con motivo del nombramiento del socialista bilbaíno Juan Iglesias como miembro del gobierno vasco en el exilio, recordaba su papel en la fuga –en la que fue organizador y en la que perdió un brazo-, si bien comete algún error disculpable, datando la fuga en febrero de 1938 y dando la cifra de 340 fugados muertos en el monte.

Desde instancias oficiales, el Boletín informativo del sistema archivístico de Defensa, publicó en junio de 2006, un aséptico artículo del director del Archivo militar de Guadajara, Ejecutados y condenados por la fuga del fuerte de San Cristóbal (1938).