Testimonio sobre ejecuciones en Urtasun y Eugi

2011

Quienes siendo niños fueron testigos de los fusilamientos, en sus testimonios coinciden, siete décadas después, en conmoverse en el recuerdo de la hechos. En la reunión están presentes Beatriz, sus hijas –que trasmiten las impresiones de Eloísa, que no pudo acudir-, Juan Antonio y los hermanos Leonor y Antonio del Rosario.

Los escolares de Urtasun y los fusilamientos

Antonio asegura que aquel día, junto a las citadas Beatriz, Eloísa y su hermana Leonor, se encontraban otros chavales (Teodoro, Miguel, de Luxerena, Nicasio y Maritxu), que regresaban de la escuela de Eugi, cuando vieron a los tres presos atados camino a la fuente de Tellari. Fueron testigos de la ejecución en Tellari, en la bifurcación del camino hacia Usetxi e Iragi.

Sobre los otros dos ejecutados en la bajada al río, Juan Antonio aporta una mayor información, escuchada  del fallecido Carlos Urdániz, quien cuando ya al atardecer bajaba las ovejas, a medio camino entre las bordas donde pastaban y el pueblo, escuchó disparos y más adelante, topó con los dos cadáveres, que las ovejas se mostraban remisas a sortear, pues en aquel entonces, el camino era más estrecho.

Elena y Juan Antonio, que nos acompañan, muestran como desde la carretera a Iragi se podía ver la antigua fuente, si bien ahora el arbolado dificulta la visión y la ampliación de la pista ha trastocado la zona. La foto aérea de la zona en 1931 confirma que estaba más despejada, apreciándose una campa donde se hacían tejas, de donde procede el topónimo Tellari.

Confirman los presentes que fueron cinco los enterrados. En una localidad tan pequeña, desde los 15 años Juan Antonio ha hecho de sepulturero y ha sabido que en la esquina de la acacia estaban los cuerpos de los fusilados.  Recuerdan varios de los presentes – por medio del párroco – que el más joven de ellos era de Bilbao.

Añaden tener oído que uno de los fusilados había renunciado a la confesión, sin que fuese motivo para el párroco para no enterrarlo en el camposanto. (Navarra 1936 dice al respecto: “Tres detenidos en el monte Zotalar fueron fusilados en Urtasun tras ser confesados por el párroco de Eugi”).

Los presentes dudan entre miércoles 25 o sábado 28, pues recuerdan que volvían de clase y al día siguiente era festivo. El jueves 26 fue el día de la Ascensión, festivo, pero la partida de defunción de Andrés Zudaire, fecha su muerte el sábado 28 de mayo. Coinciden en que los fusilamientos fueron al atardecer -Antonio recuerda que era una tarde de sol – y que fueron enterrados al día siguiente.

Sobre los captores, Leonor insiste en que eran militares. Las hijas de Beatriz exponen que Eloísa lo corrobora, vestidos de caqui y que quien los comandaba expuso en voz alta que iba a ejecutar a todos los que pudiese, dado que le habían matado a algún familiar.

Tanto Leonor como Antonio concuerdan en que en Tellari estaban los tres capturados, el párroco Cesáreo Osta, cuatro armados y un mando, que fue quien les disparó con fusil y después, con pistola. Antonio confirma que la posada de Iragi estuvo ocupada por militares. Esta presencia y el hecho de que el hermano de uno de los fusilados se dirigiese a esa posada parece confirmar su autoría.

La mayoría de los testimonios de fugados en La gran Fuga dicen que militares y carabineros los capturaban y devolvían al fuerte, mientras que falangistas o requetés ejecutaban a los detenidos (Arbulo ó M. Alonso, entre otros), aunque hay relatos a favor de un requeté (E. del Cura) o de un falangista (M. González), y en contra de un comandante militar (Bóveda), como para pensar que hubo excepciones en todos los sentidos.

La recuperación de los restos de Andrés Zudaire.

Fueron a Urtasun a recoger los restos mortales en 1978 la viuda de Andrés Zudaire, María Sainz, su hija Margarita y sus nietos, Andrés, Fermín y Carlos. Estos últimos confirman que la viuda reconoció los restos mortales del que fue su marido. Juan Antonio Reta estuvo presente y confirma su desigual dentadura que facilitó su identificación, y vio otros restos que allí siguen.