Víctimas entre los perseguidores, según Salas Larrazábal

En la p 31 cita: “Las 6 víctimas de la gran fuga del fuerte fueron cuatro soldados que murieron en el Hospital Militar, a resultas de sus heridas, y que figuran inscritos con los números 642, 660, 691 y 726 y 2 civiles, un vecino del valle de Elorz y otro de Egües, muertos ambos en el valle de Esteribar donde se produjeron los enfrentamientos”.

En la p 69 ya son cinco los soldados muertos, a los que añade un carabinero: “En el de Pamplona aparecen cinco inscripciones de otros tantos soldados muertos a consecuencia de las heridas por armas de fuego, de los cuales uno falleció sobre el terreno en Agorreta el día 25 de mayo y los otros cuatro en el hospital militar de Pamplona en fechas posteriores”. Y añade sobre uno de los civiles citados: “En el mismo Juzgado aparece tardíamente la certificación de defunción de un peón de sesenta y cinco años, natural de Egués y muerto en Eugui, que casi seguramente fue la sexta de las víctimas de estos sucesos registrada en Pamplona. En Esteribar figura la defunción en Eugui de un carabinero caído por el fuego contrario el 28 de mayo

En la p 70 hace un último balance: “En total 202 óbitos de los que 14 contabilizamos entre las víctimas de la represión –los 14 fusilados en agosto como promotores de la fuga-, 180 como caídos en combate del lado de los sublevados –contabiliza tan solo los inscritos en el Registro de Ansoain- y 8 en el de las fuerzas que contra ellos salieron o civiles que se vieron, a su pesar, embebidos en la lucha.

En cuanto a los soldados, en el Registro Civil de Pamplona figuran las defunciones de muchos y en algunos casos el frente donde fallecieron. De los cuatro citados por el general solo figura fecha de su muerte: en mayo, sin más detalle el nº 642; el 19 de junio (nº 660); el 28 de junio (nº 691); y 9 de julio (nº 726). No consta lugar, ni referencia a heridas producidas en relación a la fuga. El general infirió que por las fechas, podían guardar relación con la evasión. Él mismo se encarga de confirmar su método deductivo: “No hay evidencia de que todos ellos recibieran sus heridas en los encuentros que nos ocupan” p.69.

Cabía pensar que por razón de su graduación tuvo acceso privilegiado a fuentes militares, pero cita a los cuatro muertos en el hospital militar, cuando dos de las inscripciones -691 y 726- lo fueron en el hospital provincial. Los registros del hospital civil permiten contrastar datos. El soldado registrado con el nº  691, Manuel G.S., de León, 24 años, falleció el 28 de junio por balazo en el muslo e ingresado el 21 de junio, siete días después de finalizado el operativo de captura de los fugados. El otro soldado, nº 726, Constantino L.V., de Ourense, 26 años, falleció el 9 de julio a consecuencia de fractura de columna vertebral por herida de arma de fuego. Es registrado, pero no se le asigna Pabellón, ni cama, como a los demás ingresados, por lo que cabe conjeturar que, por la gravedad de sus heridas, la fecha de su ingreso coincide con la de su fallecimiento, un mes después de finalizado el operativo.

Le queda al general el otro civil, un peón de Egüés de 65 años, muerto en Esteribar, sin más detalle. El general, consciente de su endeble investigación, siembra la duda: “casi seguramente fue la sexta víctima de estos sucesos”.