Vencedores y vencidos

El lunes 23 el director queda destituido. El administrador estaba previamente apartado por malversación y hurto. Se les encarcela, junto al jefe de la guarnición, encausados por su negligencia en la custodia de los presos.

El director encontrará el apoyo de correligionarios que acuden en ayuda de su camarada en apuros y presenta cartas de Calvo Sotelo y del general Mola, que lo ensalzan. El conde de Rodezno, ministro de Justicia en el momento de la fuga, dirige al instructor en 1941, ya como vicepresidente de la Diputación Foral de Navarra, una carta sobre Rojas, subrayando sus acendrados sentimientos patrióticos, religiosos y derechistas, “por lo que en conciencia y con absoluta sinceridad sólo puede certificar en conciencia que su concepto sobre él es inmejorable, teniéndole la más alta estima”.[1]

El administrador, alardeando de su filiación falangista –“de claras ideas fascistas”, recuerda a su favor el gobernador civil de Málaga–,[2] explica los testimonios de presos en su contra por su firmeza contra los extremistas, tanto en el fuerte, como antes en la prisión de Cáceres con motivo de una huelga de campesinos extremeños, o en Málaga haciendo frente a los sucesos revolucionarios de octubre de 1934.

Hay un dilema moral que planea sobre la conducta de ambos encausados.

¿Qué hay de malo en hacer algún dinero a cuenta de unos presidiarios a los que ven salir diariamente para ser ejecutados? El fiscal militar presentó en sus conclusiones de junio de 1942 otro punto de vista. “Los encausados, con su conducta inmoral y desaprensiva desprestigiaban al Régimen, cuando tenían la obligación de hacerles comprender con sus actos que la razón y la justicia estaban de parte del Alzamiento”. Palabras huecas, como las del caudillo Franco que presidían la entrada del fuerte: “Si se visitasen los establecimientos penales de los distintos países y se compararan sus sistemas y los nuestros, puedo aseguraros sin temor a equivocarme que no se encontraría régimen tan justo, católico y humano como el establecido desde nuestro Movimiento para nuestros reclusos”.

El desenlace ante las dos opciones morales, la proclamada en los discursos y la que llevaban a cabo los encausados, ya venía anticipado descarnadamente por José M.ª de Areilza, primer alcalde franquista de Bilbao, en su discurso del 8 de julio de 1937, tras la toma de la ciudad: “Que quede esto bien claro. Ha habido, vaya que sí ha habido, Vencedores y Vencidos. Ley de guerra, dura, viril, inexorable”.

Desde la prisión provincial, en la que son encarcelados, acribillan al instructor con reiteradas peticiones de libertad. Rojas le escribe el 12 noviembre de 1938: “la depresión de su ánimo, y la proximidad de los grandes fríos invernales que se aproximan, le hacen temer seriamente por su salud, por lo que suplica le conceda la prisión atenuada en el Hotel La Perla, donde siempre ha vivido en Pamplona”.

Son puestos en libertad atenuada en febrero (Rojas) y abril (Muñoz) de 1940. Casi dos años de cárcel que debieran servir para desmentir que fuese una fuga consentida. El inicial rigor sobre los encausados se desvanece. Se alargan los procedimientos, se extreman las garantías, cambia a la jurisdicción civil, pasan los años. Finalmente, en 1943 el director Rojas y el jefe de la guarnición, Manuel Cabezas, son absueltos por no apreciarse comisión de delito alguno; Manuel Muñoz, administrador, condenado por los delitos de malversación y hurto, es definitivamente absuelto en 1945. En 1946 Rojas es ascendido a jefe superior del Cuerpo de Prisiones.

Hubo otra destitución menos trasparente: la del gobernador militar de Navarra. El día 23 de mayo ejerce Carmelo García Conde, pero en julio ya firma como exgobernador militar en situación de disponible. El comandante Trías lo confirma: “las tropas de su mando fueron felicitadas […] y por los coroneles que ejercieron el cargo de gobernador militar durante los sucesos, Carmelo García Conde y Francisco Javier Folla Cisneros”.

Los responsables del operativo de captura, militares, carabineros y Guardia Civil, fueron felicitados o ascendidos. Los presos “adictos” que colaboraron para sofocar el motín, indultados; entre ellos los exguardias civiles. “Siempre me ha tirado el orden”, decía Fernando González, uno de ellos; todos, menos Enrique Vilches, que en la tensa jornada que siguió a la evasión, el día 23, pasó a celda de castigo “por hacer manifestaciones en favor de la fuga de reclusos”.[3] El falangista preso en el fuerte, Ángel Alcázar, que actuó contra los sublevados, es nombrado en 1939 agregado de prensa en la embajada de Londres. El conde de Rodezno se hizo merecedor de una plaza en el centro de la ciudad de Pamplona. En 2010, bajo el eufemismo de “obras de limpieza”, se procedió a borrar del fuerte las palabras del caudillo Franco.

La prensa afín, que en 1938 publicaba que los evadidos eran una partida de criminales y asesinos, recreaba durante la dictadura, con motivo de la celebración del XIX aniversario del Alzamiento Nacional, aquel suceso: “Un buen día se escaparon los presos del Fuerte de San Cristóbal y las autoridades pidieron voluntarios para salir al monte y capturarlos, pues no había fuerzas en la guarnición. Desde quinto curso el colegio –Maristas– se despobló por cinco o seis días. La preocupación de todos era que no les tocase fusilar. [...] Volvieron contando aventuras emocionantes y largas caminatas por bosques y barrancos”.[4]

Certifica que hubo una masiva incorporación al operativo entre los suyos; que los muertos no lo fueron en la refriega, sino por fusilamiento… y lo “emocionante” de la aventura.

Carta de conde de Rodezno

Carta de conde de Rodezno

Diario de Navarra 17 de julio de 1955

Diario de Navarra 17 de julio de 1955

Y vencidos

 

El obispo Olaechea en el fuerte, 1942. (foto AGN)

El obispo Olaechea en el fuerte, 1942. (foto AGN)


[1] Archivo R. y General de Navarra, Sumario 1915-38, f 420.

[2] Archivo R. y General de Navarra, Sumario 113-38, f. 164.

[3] Archivo de Capitanía Militar de Navarra – AGHD. Información para la concesión de indultos entre los reclusos que se opusieron a la evasión, legajo 48-2576, f 145v.

[4] José Javier Uranga, Diario de Navarra, 17 de julio de 1955.